Los 13 principio figuran en Introducción de Rambam al Perek jelek. Los cuales son la esencia del judaísmo.

Traducción y comentarios Rabino Issak Sakkal

Es importante recalcar en este contexto, por ser el más apropiado para ello, que los fundamentos de nuestra religión son 13 principios, a saber:

  • 1º Principio
    Saber que existe el Creador, es decir, una existencia absolutamente perfecta en todo aspecto posible, y ella es la causa de todo lo existente.
    En Él reside la posibilidad de ser de todo lo demás y por Él existen.
    Es absurdo suponer que no exista, pues al dejar de existir, todo lo demás se anularía y no quedaría nada que pudiera subsistir por sí mismo. Si pudiéramos suponer que todo dejará de existir con excepción de Él, no se anularía la existencia de Dios y en nada Lo afectaría, pues Le basta consigo mismo para existir y no precisa de nada ajeno a Él. Todo lo demás, desde lo celestial, me refiero a los ángeles, hasta lo terrenal y lo que entre ellos hay, todo precisa de Él para existir. Invoca este principio lo dicho: “Yo soy el Señor tu Dios”
  • 2º Principio
    La unicidad de Dios. Es decir, saber que esa existencia, que es la causa de todo, es única. No es una unidad que tiene semejantes, ni tampoco uno como un individuo de una especie, ni como un hombre que está compuesto y por lo tanto se puede dividir en varias unidades.
    Tampoco es uno como una unidad material que puede ser divisible infinitamente. Sino que Él, elevado sea, es una unidad única e indivisible, que no hay otra igual en ningún aspecto.
    Sobre este segundo principio atestigua lo escrito: “Escucha Israel, el Eterno es Dios, el Eterno es Uno”
  • 3º Principio                                                                                                                            La negación de cualquier tipo de corporación de Dios. Se refiere, a saber que ese Único que mencionáramos, no es corporal ni fuerza en un cuerpo.
    Asimismo, no le afectan aquellas cosas que afectan a la materia, como por ejemplo, el movimiento, el tiempo o el reposo, no en forma constante ni casual, es por eso que nuestros sabios descartan la posibilidad en Él de una composición o división afirmando: “en las alturas, no existe sentarse ni pararse, no espalda ni frente”. Tal como dice el profeta: “¿A quién, entonces se equipara Dios, o con quién podréis compararle?”, “¿A quién Me asemejaréis para que se Me parezca?, dice el Santo Bendito Él” (Isaías 40:18 y 25), y si fuera corpóreo se asimilaría en algún aspecto a los demás cuerpos.
    Todo pasaje bíblico que describe a Dios con atributos físicos tales como: Encaminarse, sentarse, hablar y semejantes, todo está expresado en un lenguaje figurativo, así dijeron los sabios: “se expresó la Torah en lenguaje humano” y se han extendido bastante al respecto.
    Este tercer principio es lo que nos encomienda al decir: “Pues no han visto ninguna imagen”, ya que Él, tal como expusimos, no es material ni fuerza expandida en un cuerpo.
  • 4º Principio
    La eternidad de Dios. Saber que este Ser Único, al que nos referimos, es absolutamente eterno.
    Nada de lo existente, fuera de Él, es anterior a Él, prueba de ello son los abundantes versículos que hablan de este tema, en especial el que versa: “El Dios desde tiempos remotos” (Deuteronomio 33:27).
  • 5º Principio
    Sólo a Él es apropiado alabar y servir, difundir Su excelsitud y cumplir sus preceptos, y no a cualquier otro que este por debajo de Él, ya sean ángeles, constelaciones o cualquier tipo de ente, puesto que todos ellos son limitados, no son ellos los que juzgan ni poseen libre albedrío para actuar como les place, sino solo a Dios es digno glorificar.
    Asimismo, no es correcto apelar a nada ni a nadie para que nos sirva de intermedio entre nosotros y Dios, sino sólo hacia Él deben ser dirigidos todos nuestros ruegos y dejar de lado otro medio fuera de Él.
    A este 5º principio hacen referencia todas las transgresiones referentes a la idolatría y la mayoría de la Torah hace alusión a esto.
  • 6º Principio                                                                                                                  Existe la profecía. Esto es, que en la especie humana, existen individuos con potencial y cualidades sobresalientes y dueños de una plena perfección, con un espíritu sabio e inteligente, hasta adquirir una mente sublime. Es entonces cuando esta mente humana se apega a una “mente superior”, siendo iluminada intensamente por ella. A este tipo de individuos se los denomina: profetas y esa experiencia es la profecía siendo esa su naturaleza.
    Aclarar más este tema sería arduo extenso y no es nuestra intención aquí aportar pruebas irrefutables sobre cada principio, ni tampoco elucidar la esencia de esta percepción profética, puesto que para ello sería necesario como requisito, incursionar y tener noción de todas las ramas de la sabiduría, mas en este coloquio sólo enumeraremos los principios en forma esporádica. En cuanto a la profecía abundan en la Torah eventos que atestiguan acerca de la profecía de varios profetas.
  • 7º Principio
    La profecía de Moisés, nuestro maestro. El punto principal es saber que Moisés es el nivel superior, el “maestro” de todos los profetas anteriores o posteriores a él, todos están por debajo de su nivel. Moisés fue el selecto de toda la humanidad que captó respecto al conocimiento de Dios más de lo que cualquier otro, en el pasado o en el futuro percibió o percibirá.
    Moisés logró la superación humana hasta alcanzar el nivel celestial y mantenerse en la categoría de los ángeles.
    No se le interpuso a Moisés ningún obstáculo o velo entre él y Dios. Asimismo ningún impedimento físico ni carencia grande o pequeña. En él se anularon por completo la imaginación y desapareciendo los deseos, los impulsos y la voluntad, quedándole sólo la mente y al respecto fue dicho: “él hablaba con Dios, no por medio de ángeles”.
    Mi intención era esclarecer aquí este tema maravilloso, echando luz sobre aquellos pasajes oscuros de las escrituras, explicar la expresión: “Boca a boca hablaba Dios con él” y el resto de los conceptos ocultos en ese versículo, empero, visto que estos temas son demasiados delicados y precisaría aportar muchísimas pruebas, antecediendo abundantes y largas introducciones y ejemplos, además requeriría explicar previamente la esencia de los ángeles y sus niveles en que se distinguen de Dios, elevado sea, como así también ahondar en el alma humana y sus capacidades, sería imperioso también, explicar los distintos términos con que se expresaron los profetas, dignos de ser aplicados a Dios y a los ángeles, asimismo, explicar lo que el libro “Baal Koma” se refirió, más aun todo esto no sería suficiente, y aunque quisiera resumirlo al extremo, me demandaría por lo menos más de mil páginas, por todo esto lo dejaremos para otro compendio, tal vez en el libro de la explicación de los dichos de los sabios, que me he propuesto componer, o quizás en aquel otro acerca de la profecía el cual me encuentro actualmente escribiendo[198], sino, lo incluiré en uno especialmente dedicado a la elucidación de estos principios.
    Volviendo al tema de este séptimo principio, diremos que la profecía de Moisés, nuestro maestro, se diferencia de las profecías de los demás profetas en cuatro aspectos:
  1.  Cualquier otro profeta, no se comunica con Dios [directamente] sino por medio de un intermediario[200], en cambio Moisés, no precisaba de intermediarios, tal como dice: “boca a boca hablaré con él” (Números 12:8)
  2. Todo profeta no recibe la profecía sino cuando están durmiendo[201], como versa: “en sueños nocturnos” (Génesis 31:24) “en sueños o visión nocturna” (Job 23:15) y otros ejemplos. Es factible que le sobrevenga de día, pero luego que haya recaído sobre aquel hombre un profundo sopor, de forma tal que queden neutralizados todos sus sentidos y permanezca su mente libre, tal como ocurre al soñar. Esto es lo que se denomina “Visión” o “Percepción”, sobre esto fue dicho “con visiones Divinas” (Ezequiel 8:3), en cambio Moisés, venía a él la palabra de Dios, aun en pleno día, (en estado lucido) mientras permanecía de pie (la voz surgía) por entre los dos Querubines (que estaban por sobre el arca sagrada) , tal como dice: “Me revelaré a ti ahí, y hablaré contigo por sobre el arca” (Éxodo 25:22). Dijo el Altísimo: “Escuchad ahora Mis palabras: si surgiere vuestro profeta, Yo, el Eterno, en visión Me manifestaré a él, en sueño hablaré con él. No es así con Mi servidor Moisés, … Boca a boca hablo con él” (Números 12:6-7-8).
  3. Todo profeta, al advenirle la profecía, aunque sea en “visión” y por medio de un ángel, se aflojarán sus fuerzas, su cuerpo se debilitará y se apoderará de él un profundo pavor, hasta sentir que su alma está por salir de su cuerpo, tal como lo expresa Daniel cuando (el ángel) Gabriel habló con él en visón: “Y no quedaron en mí fuerzas pues la lozanía de mi semblante se convirtió en palidez de muerte y me faltaron las fuerzas” (Daniel 10: 8 y 9) y más aún: “caí en profundo sueño con mi rostro hacia el suelo” y dice: “por causa de la visión me han sobrevenido dolores y no me quedan fuerzas” (Daniel 10:16). No ocurría así con Moisés, sino que le sobrevenía la palabra de Dios sin causarle temblor o debilitamiento de ningún tipo, tal como dice: “y habló el Eterno con Moisés frente a frente, tal como habla un hombre con su prójimo” (Éxodo 23:11) es decir, así como el hombre no se llena de pavor al hablar con su compañero, de la misma manera ocurría con Moisés, él no se estremecía cuando le sobrevenía la palabra de Dios, a pesar de estar Moisés en el grado supremo de cercanía a Dios, como dice: “frente a frente”, esto hace alusión al profundo nivel de percepción mental, como dejamos expresado.
  4. Los demás profetas no poseen la capacidad de profetizar en cualquier momento que lo desean, sino sólo cuando Dios así lo dispone, pues es factible que pasen años sin que el profeta perciba ninguna profecía, o que el profeta pretenda saber algo por medio de la profecía y tenga que esperar días o meses hasta recibir la profecía o sencillamente no se le revele. Encontramos entre los profetas, quienes se prepararon (para alcanzar la profecía) tratando de lograr un ánimo alegre, tal como lo hizo Eliseo: “Y ahora, traedme un músico” y luego le sobrevino la profecía, mas es factible que no le sobrevenga visión alguna a pesar de predisponerse para ello. En cambio Moisés, nuestro maestro, en todo momento que él quería lograba (comunicarse con Dios) pues está dicho: “esperad aquí y habré de escuchar lo que el Eterno prescribirá para vosotros” (Números 9:8) y dice: “habla con Aarón, tu hermano, y que no se acerque al santuario en todo momento” (Levítico 16:2), explicaron los sabios: “Aarón está en el nivel de ´no en todo momento`, empero Moisés, no está en el nivel de ´no en todo momento`”.
  • 8º Principio
    La Torah es de origen Divino. Esto es, saber que toda la Torah que se encuentra en nuestras manos hoy en día, es la que recibimos por mano de Moisés, nuestro maestro, y que en su totalidad procede de Dios, es decir, que la Torah se le reveló a Moisés en forma completa, por parte de Dios, elevado sea.
    Esto es lo que se denomina metafóricamente: “hablar”, ignorando cómo le llegaba la palabra de Dios, a excepción de Moisés, que fue el que la recibió, no obstante Moisés era cual escriba a quien le dictan y él escribía tanto los sucesos, los relatos como los preceptos, es por ello que se lo denominó: “el escriba”, por lo tanto no hay diferencia entre aquello que dice: “y los hijos de Jam: Kush, Mitzraim, Put y Cnaan” (Génesis 10:6) o aquel otro: “y el nombre de su esposa: Meetavel hija de Jatred” (Génesis 36:39) o el que dice: “Timná era concubina” (Génesis 36:12) con el que dice: “Yo soy el Señor tu Dios” (Deuteronomio 5:6) o: “Escucha Israel el Eterno es nuestro Dios, el Eterno es uno” (Deuteronomio 6:4), puesto que todo es de origen Divino y la Torah de Dios es completa, pura, sagrada y verdadera.
    Todo aquel que afirma que estos versículos como los relatos, fueron agregados por Moisés, es considerado por los sabios y los profetas como un renegado, pues rebaja a la Torah más que cualquier otro apóstata, ya que cree que en la Torah hay cosas importantes y otras superfluas, sin encontrarle sentido. (Pensar de esta manera) es esencialmente, negar que la Torah es de origen Divino.
    Afirmaron los sabios: “Aquel que sostiene que toda la Torah es de origen Divino a excepción de un solo versículo que no fue dicho por Dios, sino que Moisés lo agregó de sí mismo, sobre él dicen las escrituras: ‘porque la palabra del Señor despreció’”.
    Sino que cada expresión y explicación de la Torah, posee mucha sabiduría y profundidad para aquel que las entiende, siendo su sabiduría inconcebible, como dice: “Su medida es mayor que la tierra y más ancha que el mar” (Job 11:9), por lo tanto es apropiado que el hombre se encamine por las sendas trazadas por David el ungido de Dios, quien suplicó: “descubre mis ojos y muéstrame las maravillas de Tu Torah” (Salmos 119:18).
    Lo dicho anteriormente es válido también con respecto a la explicación que hemos recibido de la Torah[219], también ella es de origen Divino.
    Aquellas cosas que ponemos en práctica hoy, por ejemplo: la construcción de la Sucá, las cuatro especies, el shofar, las filatelias y otros, es exactamente tal como Dios encomendó a Moisés y él nos lo trasmitió, pues aquel mensajero[220], es digno de confianza.
    El versículo que atestigua acerca de este principio es el que dice: “Dijo Moisés: Con esto sabrán que el Eterno me envió a realizar todas estas cosas, pues no han salido de mí” (números 16:28).
  • 9º Principio
    Se refiere a la invariabilidad de la Torah, es decir que la Torah de Moisés no será anulada ni cambiada por Dios, como así tampoco Él la reemplazará por otra. Asimismo no se le puede agregar ni quitar nada, tanto la Torah escrita como la Torah oral, como está escrito: “No le agregarán a ella ni menguarán nada de ella” (Deuteronomio 13:1) y ya hemos explicado lo que era necesario aclarar con respecto a este principio en la introducción que he compuesto a la Mishná.
  • 10º Principio                                                                                                                    Que Él, elevado sea, conoce todos los actos del hombre y no les están ocultos. No es como aquellos que opinan: “Dios ha abandonado al mundo” (Ezequiel 8:12), sino, más bien, como está escrito: “grande en consejo y poderoso es Dios, cuyos ojos están puestos sobre todos los caminos del hombre” (Jeremías 32:19) y fue dicho: “y vio Dios que se multiplicó la maldad del hombre sobre la tierra” (Génesis 6:5) y más aún: “las quejas de Sodoma y Gomorra, pues son inmensas” todos ellos nos hablan acerca de este décimo principio.
  • 11º Principio
    Él, exaltado sea, recompensa a aquel que realiza los preceptos de la Torah, y castiga a todo el que transgrede sus prohibiciones.
    Con respecto a la recompensa mayor, indudablemente se trata del mundo venidero y el peor castigo, es la aniquilación del alma, ya nos hemos extendido lo suficiente sobre este tema.
    Apela a este undécimo principio lo escrito: “Y ahora, absuelve su causa, de lo contrario, bórrame de Tu libro” (Éxodo 32:32) a lo que le responde Dios: “Aquel que haya transgredido contra Mí habré de borrarlo del libro” (Ibídem) esto nos comprueba que sabe quién transgrede y quién Le es fiel, para dar castigo a uno y recompensa al otro.
  • 12º Principio
    La época mesiánica. Es decir, saber con certeza que vendrá (surgirá) el Mesías(Nota:El Anticristo) y no pensar que se atrasará y ”por más que se demore lo aguardaremos”.
    No se le debe asignar un tiempo (a su llegada) ni tampoco se hacen especulaciones de las escrituras para establecer la fecha (o la época) de su surgimiento. Los sabios sentenciaron: “se entontezca el espíritu de los que sacan deducciones de la fecha”.
    Asimismo, debemos saber que el Mesías poseerá honra, grandeza, honor y superioridad, más que cualquier otro rey que haya existido. Es nuestro deber engrandecerlo, amarlo y rogar por él, tal como profetizaron sobre él desde Moisés hasta (el último de los profetas) Malaquías.
    Todo aquel que pone en duda o se burla de la venida del Mesías, reniega de la Torah, pues en ella se asegura textualmente acerca de su llegada, tanto en el episodio de Bilam como en Deuteronomio 30: 3-5.
    Parte de este principio es ser consciente que no se considera rey de Israel sino sólo a aquel que desciende de la dinastía del Rey David y en particular del Rey Salomón, y todo el que contradice este punto, reniega de Dios y de Sus profetas.
  • 13º Principio                                                                                                                           La resurrección de los muertos, esto ya fue explicado anteriormente Por ser que se menciona quiénes son los que no tienen parte en el Mundo Venidero, quedando fuera de la congregación de Israel, es el lugar más apropiado para mencionarlos en forma ordenada y codificada, así observaremos que los 13 principios fueron ordenados en base a estos puntos que menciona la Mishná, tal como lo veremos en la nota siguiente.

Los trece principios están divididos en tres categorías:

  1. Del 1º al 5º inclusive, tratan acerca de Dios,
  2. Del 6º al 9º inclusive, hablan acerca de la profecía y
  3. Del 10º al 13º tratan de la recompensa y el castigo.

NOTAS:

  • La era mesiánica, pertenece a este mundo material; y como toda cosa de este mundo, es un intermedio para alcanzar un ideal superior, es decir el Mundo Venidero. Tal como dijo más arriba, en esta misma introducción: “En aquel tiempo la rectitud, integridad y espiritualidad abundarán y de esta manera se harán meritorios del mundo por venir” o como dijo en el Mishné Torah, “Hiljot Melajim”, que es donde establece las normas y leyes de los reyes de Israel y el Mesías: “No ambicionaron los sabios y los profetas la era mesiánica, sino para poder disponer de más tiempo para la dedicación a la Torah y su sabiduría… para poder hacerse acreedores de la vida en el Mundo Venidero, como dijimos en Hiljot Teshubá –Leyes del arrepentimiento.” A continuación citaremos textualmente lo que dice allá en el capítulo 9:2: “Por este motivo, anheló todo Israel, profetas y sabios la era mesiánica, para que sean liberados del dominio de los reinos –imperios- malvados que no le otorgaban a Israel tiempo ni permiso para dedicarse con tranquilidad al estudio de la Torah y sus preceptos… para aumentar su sabiduría y de esa forma alcanzar un mayor nivel en el Mundo Venidero, pues en aquellos días –la era mesiánica- abundará la sabiduría la inteligencia y la verdad, pues está dicho: ‘Se llenará la tierra del conocimiento de Dios’ y ‘No se entrenarán más para la guerra’ y está dicho: ‘Y les transformará Dios vuestro corazón de piedra’ y por ser que el Mesías será un rey de la dinatía de David, estará dotado de mucha sabiduría, más que la del Rey Salomón, y será un gran profeta, cercano a Moisés, nuestro maestro, por lo tanto –él- enseñará a todo el pueblo y les indicará el camino de Dios, y todos los pueblos acudirán a escucharlo, como está escrito,… mas la recompensa última y el bien póstumo que carece de falencia, es la vida en el Mundo Venidero, pero la época mesiánica es en este mundo, el cual seguirá su curso natural, -el único cambio será- que el reino –autonomía e independencia- retornará a Israel, y ya han expresado los sabios: ‘la única diferencia entre nuestros días y los del Mesías, es el sometimiento a las demás naciones-retornará el reinado a Israel-. Maimónides, rechaza enfáticamente la visión ilusoria de una época mesiánica como un mundo completamente distinto, milagroso, todo celestial. A los ojos del autor esto es una percepción infantil, en sus palabras: “No te imagines que el Rey Mesías, debe realizar milagros y maravillas o crear cosas nuevas en el mundo o revivir muertos o cosas por el estilo que sostienen los insensatos, pues Rabí Akiva, uno de los más grandes sabios de la Mishná, era el escudero de Bar Kojbá y él –Rabi Akiva- solía decir acerca de bar Kojba, que era el Mesías, y supuso él como la mayoría de los sabios de aquella época, que en efecto se trataba del Rey Mesías, hasta que finalmente fue muerto –Bar Kojba- y por cuanto que murió, se supo que no era el Mesías, mas los sabios no demandaron de él un milagro ni alguna maravilla.”
  • El término Mesías proviene del vocablo hebreo Meshiaj, que literalmente significa: ungido. Se consagraban así a los reyes y profetas de Israel, pues se los ungía con el aceite de unción (con el cual Moisés ungió a Josué como líder después de él)
  • En las distintas épocas han surgido falsas especulaciones acerca de la fecha en la que surgirá el Mesías, pero esto, en todos los casos tuvo un efecto negativo, a pesar que la intención era buena y muchas veces eran sugeridas por algunos rabinos cuya intención era incentivar y estimular al pueblo en el cumplimiento de los preceptos ante la inminente llegada del Mesías, no obstante, como dijimos en la mayoría de los casos a la larga fue negativo pues la gente de a poco fue perdiendo su convicción en este tema pues veían que no se cristalizaba en la realidad y suponían que era todo mentira, no solamente lo relacionado con este tema sino que ahora dudaban de todos las demás cosas que dice la Torah profiriendo un daño muy grande al judaísmo, es por eso que no se deben hacer especulaciones ni premoniciones acerca de la llegada del Mesías, pues es algo que Dios no nos lo ha revelado.
  • Existen en el Talmud dos opiniones acerca de los detonantes que acercarán la llegada del Mesías, hay quienes afirman que surgirá cuando la mayoría del pueblo judío se aleje completamente de la Torah y sus preceptos, y otros que sostienen que el Mesías surgirá en una generación en la que la mayoría de la gente respete la ley de la Torah. Maimónides se inclina a favor de esta última opinión.
  • Acorde a lo que escribe Maimónides la responsa a los habitantes de Temán –Higueret Temán- y en el Mishné Torah, “Hiljot Melajim”, que es donde establece las normas y leyes de los reyes de Israel y el Mesías, pareciera que la visión del autor con respecto a la era pre-mesiánica sería algo así: primero regresará parte del pueblos Israel a la tierra de Israel (porque no puede haber un rey sin un pueblo) y se establecerán un rey para ellos (alguien que los gobierne), pues no puede existir un rey de Israel fuera de la tierra de Israel, y recién después, posiblemente luego de varios reyes, se revelará el Mesías y materializará las visiones proféticas acerca de la era mesiánica, vencerá a las naciones que lo rodean y que se le oponen, reconstruirá el Templo de Jerusalem (todas estas acciones, obviamente precisan que parte del pueblo de Israel se encuentre ya en la tierra de Israel) y luego reunirá a todo el restante del pueblo de Israel en la tierra de Israel.
  • El Mesías no será un súper hombre o un ángel, Maimónides, como ya lo mencionara más arriba cuando se refiere a los Tiempos Mesiánicos, sostiene que se trata de un hombre de carne y hueso que será muy sabio, más que el rey Salomón y que reinará haciendo prevalecer la justicia de Dios, la Torah y haciendo el bien, llegando la sociedad a su máximo apogeo y realización, una época y un reino ideal. No obstante Maimónides enuncia al final del Mishné Torah, leyes acerca de los reyes de Israel –Hiljot Melajim- que en aquella época nada de la naturaleza cambiará, sino que las cosas continuarán funcionando acorde a las leyes naturales igual que hasta ahora; el gran cambio será en el aspecto socio-político, en el cual el pueblo judío será regido por un sabio rey que los acercará al conocimiento de Dios y Sus leyes. Llevando también al resto del mundo hacia el camino de la verdad y la justicia.Maimónides es consciente que en el Talmud existen dos opiniones, una que sostiene que en la época del Mesías la naturaleza cambiará y viviremos cosas milagrosas, y otra opinión sostiene que las leyes naturales no cambiarán y todos aquellos versículos que aparentemente nos describen una naturaleza distinta a la que conocemos hoy en día, como ser que el cordero convivirá con el león, se refieren a una metáfora, es decir que ya los hombres o empresas más agresivas no perseguirán ni se aprovecharán más del indefenso, y así con el resto de los versículos. Maimónides se inclina por esta segunda opinión.
  • Se refiere al que contradice la norma de que el rey de Israel sólo puede ser aquel que desciende de esa familia real. Si bien Maimónides sostiene que puede surgir un rey para el pueblo de Israel que no sea de la dinastía de David quien reina en forma temporal y no sobre la totalidad del pueblo, no obstante al referirse al Mesías imperiosamente éste debe ser descendiente del rey Salomón. No sólo esta condición debe cumplir, sino también debe pelear las luchas de los judíos, es decir, en contra de todo aquel que se levante contra los principios judíos o contra Dios, como así también contra los antisemitas. Otro aspecto en el cual se destacará el Mesías es que acercará a los judíos al cumplimiento de los preceptos. Si posee estos tres aspectos: linaje real, luche las guerras de los judíos y acerque el corazón de los hebreos a la Torah, entonces este individuo tiene las propiedades que lo califican para ser Mesías y si logra hacer regresar a los judíos a Israel y fortalece el reino y construye el Templo de Jerusalem entonces sabremos con certeza que se trata del verdadero Mesías. Es por eso que uno de los más ilustres sabios talmúdicos, el famoso Rabí Akiva consideró a Bar Kojba como el Mesías, pues guerreaba las guerras de los judíos contra los romanos que los acosaban e impedían el cumplimiento de la Torah, era descendiente de la dinastía de David, mas cuando Bar Kojba murió en manos de los romanos, supo que en realidad no era el Mesías”, hasta aquí es cita de lo que Maimónides enuncia en el Mishné Torah, leyes acerca de los reyes de Israel.(Nota:Rechazaron aJesucristo por este falso mesías)
  •  
    Tetradracma acuñado por Bar Kojba. Anverso: La fachada del templo con la estrella, rodeado del nombre “Simón”. Reverso: Un lulav (hoja de palma); el texto dice: “Por la libertad de Jerusalén”
  • descarga (5)Romanos después de la destrucción del segundo templo , cumpliéndose así la profecía de Jesucristo
  • Así también en nuestros días, varios eruditos y grandes sabios judíos poseían el potencial para ser Mesías en caso que Dios así lo disponga, no obstante una vez que estos sabios fallecieron, sabremos con certeza que no eran Mesías. Cabe recalcar que en el judaísmo no existe la creencia cristiana de que el Mesías morirá y luego resucitará.
  • Como ya lo mencionara más arriba El Mesías, fallecerá, y su hijo reinará en su lugar, y luego el hijo de su hijo, dato que viene a confirmar, que el mundo continuará su curso natural también en la época del Mesías. No obstante Maimónides afirma: “Su reinado se extenderá por muchos años y los años de vida de los hombres también se incrementarán”(Nota:Sabemos que el reinado del Anticristo durará solamente 42 meses) y como dijeron los sabios: “la gran asamblea cuando se reúna, no se dispersará rápidamente”. Cabe preguntarnos: ¿Qué ocurrirá luego de esos muchos años? Pues las expresiones: “Su reinado se extenderá por muchos años” o “no se dispersará rápidamente” nos hablan expresamente que no se trata de una realidad eterna. ¿Acaso sostiene Maimónides que el hombre y el mundo serán destruidos o se inclina por la idea que el mundo existirá para siempre? En la presente obra, Maimónides no encara esta cuestión, pero en su Opus Mágnum, La Guía de los Perplejos, en la segunda parte capítulo 27 y 28 le consagra un destacado lugar a esta cuestión. La conclusión a la que arriba es que no existe ninguna obligación de creer que este mundo dejará de existir en algún momento. Si bien el mundo fue creado, es decir no existió desde siempre, sino que tuvo un comienzo, esto no quiere decir que análogamente tendrá un final. En el capítulo 29 establece Maimónides que la idea de que el mundo dejará de existir es algo que no figura en los profetas ni en las palabras de los sabios; no obstante lo afirmado en el Talmud, Sanedrín 97a : “Seis mil años se mantendrá este mundo y luego se desmoronará”, esta afirmación es rechazada por Maimónides con tres argumentos: 1) La frase que dice: “se desmoronará” no implica necesariamente que el mundo dejará de existir, sino que existirá pero en un estado de destrucción, 2) Esta postura es minoritaria y es sustentada por un solo sabio y hay otros sabios que se oponían a esa postura, por ejemplo en el Talmud Rosh Hashaná 31 a, además de las palabras del propio Rey Salomón quien sostiene: “No hay/habrá nada nuevo bajo el sol” y la destrucción del mundo, si en efecto ocurre, es una gran novedad. 3) Esta opinión fue dada en un aspecto especial, es decir, que no se trata necesariamente de una comprensión textual. Es factible que Maimónides haya interpretado esta frase como un desmoronamiento o destrucción espiritual que ocurrirá luego del sexto milenio, que tal vez acarree junto con ello una gran destrucción material. Tal vez esto ocurra luego de la era mesiánica, pues a pesar que “la gran asamblea cuando se reúna, no se dispersará rápidamente” se entiende que finalmente, después de mucho tiempo, también ella será dispersada, posiblemente por las debilidades humanas; y luego de esto comenzará un nuevo ciclo de la historia de la humanidad. Tal vez sea esta la respuesta de Maimónides al cuestionamiento: Si los trece principios del judaísmo son eternos y para todas las épocas, resulta que en la era mesiánica, ya no serán 13 sino 12, pues el principio de la llegada del Mesías ya no será actual, y esto no es así, sino que seguirán siendo 13, pues de estas últimas palabras podemos deducir que será un ciclo en la historia de la humanidad, que por períodos tendrá épocas de oscurantismo y bajeza, pero Dios hará surgir luego un Mesías, justo que ayudará a la humanidad a remontar los niveles superiores a los que el ser humano está capacitado para llegar.
Anuncios