Israel Shamir

22 de noviembre 2002

El concepto dudoso de la Mano Oculta o de los Sabios de Sion es superfluo, perfectamente inútil.“La última controversia que cuestiona al mundo árabe concierne a la serie de televisión “Un jinete sin caballo” que empezó a ser difundida el miércoles 6 de noviembre pasado, el primer día del mes de Ramadan, en varias cadenas árabes transmitidas vía satélite. La fuente de la controversia es el hecho de que esta serie esté basada, en parte, en Los Protocolos de los Sabios de Sion, un antiguo texto apócrifo producido por el régimen de la Rusia zarista”, escribe Wais S. Saleh, un consultor, desde Ramallah, en el excelente sitio Web CounterPunch [22]. De manera muy comprensiva, Saleh condena esta emisión y advierte a los palestinos y a los árabes, pidiéndoles que se mantengan alejados del viejo demonio del antisemitismo o, más exactamente, para retomar sus palabras “de la tendencia a importar ideología antisemita”. La opinión de Saleh se une a la de Michael Hoffman, en el sitio desde el cual pueden consultarse los Protocolos. Hoffman piensa que los árabes no tienen ninguna necesidad de importar viejos argumentos antisemitas sacados de antiguas y lejanas fuentes, cuando ellos mismo disponen de una fresca fuente de argumentos, que chorrea abundantemente las veinticuatro horas del día: el comportamiento actual del Estado judío y de sus ciudadanos judíos. Este comportamiento es mucho más convincente que todos las antiguallas antisemitas posibles e imaginarias. Sin embargo, los Protocolos están siempre ahí y nos siguen interpelando. Recientemente, el novelista y pensador Umberto Eco, expresó su opinión al respecto, en el diario The Guardian [23]. Eco “explica” los sentimientos populares hacia los judíos: “ Dominaron durante muy largo tiempo en el comercio y el préstamo de dinero – de allí este resentimiento con respecto a ellos, que es un resentimiento “de intelectuales” –” Que yo sepa (pero sé pocas cosas al respecto) no son los intelectuales los que prestan dinero, sino los banqueros y los usureros, por lo cual los auténticos intelectuales juzgan el comportamiento repugnante. Probablemente Eco tenga otra definición de “intelectual” en la manga. “ Los desacreditados Protocolos de los Sabios de Sion no son más que una compilación a partir de una trama de invenciones, con toda evidencia un fraude, ya que resulta muy difícil creer que unos “malos” revelasen alguna vez tan abiertamente sus fallidos proyectos.”, concluye Umberto Eco. Se disculpará a un consejero de negocios de Ramallah, pero Umberto Eco debería haber observado que su definición le iba como un guante a otras obras como Gargantúa y Pantagruel, por ejemplo, falsedad todavía más antigua, que pretendía ser la crónica real de una familia de gigantes y construida sobre la base de un “entramado de 22 “ A Horseless Rider, The Protocols of The Elders of Sion & Imported Bigotry”, por Qais S. Saleh, Counter Punch, 13 de septiembre 2002. http//www.counterpunch.com/saleh1112.html. Más detalles en: http://.abcnews.go.com/sections/world/DailyNews/egypt021121_TV.html 23 http://books.guardian.co.uk/review/story/0,12084,775668,00.html — 37 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf invenciones”. Don Quijote, Pickwick’s Club, 1984 de Georges Orwell: todos estos libros “pretenden” describir acontecimientos reales, como los Protocolos. Son “fraudes” en tanto son atribuidos a algún otro diferente al verdadero escritor: Don Quijote, a Sid Ahmed Benengeli [24] y Gargantúa y Pantagruel al Maestre Alcofribas Nasier (anagrama de François Rabelais). Los Protocolos de los Sabios de Sion estaría descritos con más justicia si habláramos de “pseudo epigrafía” más que de impostura. Están emparentados con la carta del Presidente Clinton a Mubarak, escrita por Thomas Friedman. Después de todo, el género pseudo epigráfico es un arte antiguo y venerable. Habría que considerar a los Protocolos como un “panfleto político”. En este ensayo, no nos esforzaremos por encontrar por qué los Protocolos se niegan obstinadamente a acostarse y morir. Nos cuidaremos prolijamente de abordar la famosa pregunta: ¿quién los escribió? Su real autor permanece desconocido y es difícil imaginar a esta persona, ya que los Protocolos son un palimpsesto literario. En los tiempos antiguos, un escriba escribía generalmente su texto sobre un troza de viejo pergamino y para hacerlo, iba borrando previamente el texto ya escrito sobre este mismo soporte. El borramiento rara vez era total y así un lector podía gratificarse con una versión integral de El Asno de oro [25] cuando quería leer los Fioretti de san Francisco de Así. En los Protocolos, hay capas de historias antiguas y de otras todavía más antiguas, lo cual impide cualquier búsqueda razonables del verdadero autor. Todo texto debería ser juzgado según su contenido y no por su autor, a pesar de que Jorge Luis Borges escribió que el autor es una parte –importante- de todo texto. Por supuesto, si supiésemos que los Protocolos comportan efectivamente vestigios de escritos de algunas elites judías, tendríamos nuestra respuesta, en pocos minutos. Pero los Protocolos han sido publicados al final del siglo XIX y comienzos del siglo XX, bajo la forma de texto “descubierto”, como un texto apócrifo. Se convirtieron en un enorme best-seller y lo son todavía hoy, aunque en algunos países (en particular en la Unión Soviética) el simple hecho de poseer una copia haya sido susceptible de acarrear la pena de muerte. “Anónimo” (el autor de los Protocolos) describe un plan magistral para una amplia reestructuración de la sociedad, creando una nueva oligarquía y provocando el sometimiento de millones de seres humanos. El resultado final no está muy alejado del que describe un texto contemporáneo, El talón de hierro, de Jack London, el famoso escritor radical de Oakland (California). Sin embargo, London entreveía un gran derrumbe, muy penoso, en tanto la manera en que “Anónimo” ve cómo se cumple el sometimiento nos lleva a manipulaciones maquiavélicas y un control de las almas a la Orwell en 1984. (El homenaje expresado por Orwell a los Protocolos es mucho más impactante de lo que generalmente se señala). El problema planteado por este texto proviene de una extraña disonancia entre su lenguaje imprudente y su profundo pensamiento religioso y social. “Es un informe paródico de un plan satánico, sutil y muy bien concebido”, escribió el Premio Noble de literatura Alexandre Solzhenitsin en su análisis de los Protocolos, escrito en 1966 y publicado recién en 2001 [26]: Los Protocolos… exponen el plan de un sistema social. Su objetivo se ubica muy por encima de las capacidades de un espíritu ordinario, incluido el de su autor. Se trata de un proceso dinámico en dos etapas: desestabilización, aumento de las libertades y del liberalismo, que encuentra su apogeo en un cataclismo social, en el primer paso; la segunda etapa apunta a la instalación de una nueva jerarquización de la sociedad. Lo que está descrito es más complejo que una bomba nuclear. Podría tratarse de un plan robado y retocado por un espíritu de genio. Su estilo pútrido de panfleto antisemita cuidadosa en oscurecer (intencionalmente) la gran fuerza de pensamiento y de visión penetrante. Solzhenitsin es consciente de las fallas de los Protocolos: Su estilo es el del panfleto apestoso, a poderosa línea de pensamiento está quebrada, fragmentada, mezclada con hechizos nauseabundos y groseras torpezas psicológicas. El sistema que allí se describe no es necesariamente relativo a los judíos; podría tratarse de un sistema puramente masónico y otro, en la medida en que efectivamente hay que ver que su orientación fuertemente antisemita no es de ninguna manera un componente fundamental del proyecto. 24 Cide Hamete Benengeli, para retomar la ortografía de Cervantes. 25 Texto “atrevido de Apuleyo (N.de T.) 26 Alexander Solzhenitsin, Evrei v SSSR i v budushei Rossii, 2001 (en ruso). — 38 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf Solzhenitsin se dedica a una experimentación textual: suprime las palabras “ judíos”, “goys” y “conspiración” y desemboca en una cantidad de ideas incómodas. Concluye: El texto demuestra una claridad de visión impresionante en lo que concierne a los dos sistemas de sociedad: el sistema occidental y el sistema soviético. Si algún poderoso pensador, en 1901, podía predecir el desarrollo de Occidente con alguna verosimilitud, ¿cómo podría haber entrevisto el futuro soviético? Solzhenitsin desfió al régimen soviético y se atrevió a escribir y publicar su bofetada, El Archipiélago Gulad, implacable condena a la represión soviética. Sin embargo, también él renunció; no publicó su estudio sobre los Protocolos. Pidió que esta investigación fuese publicada solamente después de su muerte. Se publicó una cantidad muy reducida de ejemplares en contra de su voluntad. Sigamos el desarrollo del pensamiento de Solzhenitsin y hundamos la mirada en la bola de cristal de los Protocolos, apartando por el momento su “línea judía” y concentrándonos en la idea de la creación de un nuevo sistema, no necesariamente dominado por los judíos, entonces. El plan director empieza con la reconstrucción del espíritu humano: Los espíritus deben ser alejados (de la contemplación) hacia la industria y el comercio; desde entonces, la gente ya no tendrá tiempo para pensar. La gente se consumirá en la búsqueda de dinero. Será una búsqueda en vano ya que cimentaremos la industria sobre una base especulativa: las riquezas obtenidas de la tierra por la industria se deslizarán de entre las manos de los trabajadores y de los industriales y terminarán entre las de los financistas. La lucha- intensificada- por la supervivencia y la superioridad, acompañada de crisis y de enfrentamientos, creará comunidades frías y sin corazón, con una fuerte aversión por la religión. Su única guía será la ganancia y le consagrarán un verdadero culto a Mammon. El carácter visionario de Anónimo es impresionante: en los días de la publicación de los Protocolos, las cosas todavía estaban a una medida humana y habrá que esperar ochenta años para que Milton Friedman y su Escuela de Chicago encumbren a los dioses Mercado y Ganancia como únicas antorchas que guían al Mundo. La herramienta para la dominación de los espíritus, son los medios, escribe Anónimo: Existe una fuerza poderosa que crea el movimiento del pensamiento en el pueblo; esta fuerza, son los diarios. Es en los diarios donde el triunfo de la libertad de palabra encuentra su encarnación. Por medio de la prensa hemos conquistado el poder de influenciar los espíritus mientras permanecemos inadvertidos. Erradicaremos de la memoria de los hombres los hechos históricos que no deseamos que conozcan y solamente dejaremos que perduren aquellos que nos convienen. Transcurrieron años, después de la publicación de estos Protocolos, y antes que emergiera un pequeño grupo de personas que controlan nuestros discurso manteniéndose al mismo tiempo inadvertidos, los señores de los medios. La libre oposición a estos barones, Berlusconi y Black, Maxwell y Sulzberger, Gusinsky y Zuckerman, es impedida en los medios que poseen, en tanto su afinidad cooperativa resulta impresionante. La libertad de palabra sobrevive allí donde todavía existen medios independientes. Hace cien años, esta fuerza era mucho más débil que en nuestros días y es sorprendente que Anónimo haya reconocido su potencial. Un siglo antes del advenimiento del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, los Protocolos observaban que los préstamos son el mejor medio de despojar a los países de sus riquezas. “En tanto los préstamos eran nacionales, el dinero permanecía en el país, pero con la exteriorización de los préstamos, todas las naciones (sus ciudadanos) le pagan un tributo a la “oligarquía”.” De hecho, cuanto más importante es el préstamo obtenido por un país pobre, más se empobrece éste. La concentración del capital en las manos de los financistas, la concentración de los medios en las manos de algunos magnates, el asesinato extrajudicial de los líderes que no se someten, los mercados financieros, con sus múltiples productos derivados, que sustraen las riquezas y la acumulan en las manos de los sacerdotes de Mammon; la — 39 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf ganancia (“las fuerzas del mercado”), única medida del éxito de toda estrategia… No, el interés de los Protocolos no ha desaparecido ya que el plan que allí se describe, consistente en instaurar un régimen oligárquico (no necesariamente judío) se está poniendo en práctica, en tiempo real; esto se llama el nuevo orden mundial. Se califica a veces a los Protocolos de panfleto de extrema derecha anti-utópico. Sin embargo, expone el discurso de la izquierda tanto como el discurso de la derecha. Un escritor de derecha bendeciría al reforzamiento de la Ley y el Orden, pero la predicción siguiente de Anónimo podría ser descrita, en nuestros días, por un libertario de izquierda, como por ejemplo Noam Chomsky, testigo de la actual transición hacia el nuevo orden mundial: “La carrera por los armamentos y el reforzamiento de las fuerzas represivas llevarán a una sociedad en la cual coexistirán las masas –enormes- del proletariado, algunos millonarios y muchos policías y militares.” Sin embargo, el pensamiento más penetrante de Anónimo se ubica en la esfera espiritual: La libertad podría ser inofensiva y encontrar su lugar en la economía del Estado sin atacar al bienestar del pueblo, por poco que permanezca por encima de la fe fundamental en Dios, de la fe en la fraternidad humana. Es la razón por la cual es indispensable, para nosotros, socavar toda fe, extirpar de los espíritus el principio divino mismo, el Espíritu, y reemplazarlo por los cálculos aritméticos y las necesidades materiales. Anónimo establece una relación entre la fe y la idea de fraternidad humana. Socavar la fe destruye la fraternidad. De estado de espíritu bello y deseable, la Libertad se transforma en tendencia destructora cuando está desconectada de la fe. En lugar de la fe, el enemigo propone la adoración de Mammon. Hoy (16 de noviembre 2002), leyendo las diatribas del International Herald Tribune contra los sacerdotes y los religiosos homosexuales, no se puede más que recordar este párrafo de los Protocolos Hemos tomado recaudos para desacreditar a los prelados católicos y arruinar su misión, que podría ser un obstáculo para la realización de nuestros planes. Día a día, su influencia sobre la gente del pueblo va cayendo más abajo. El derrumbe final de la cristiandad está cerca. Somos testigos de la aplicación de este plan: la religión es despreciada y el neoliberalismo o culto a Mammon la reemplaza, mientras que con la desestabilización del socialismo, el derrumbe de este intento valiente de fraternidad no basado en la religión deja un enorme vacío ideológico. Esta observación le hizo exclamar a algunos de mis lectores: “El verdadero ideólogo del plan maestro es nuestro viejo enemigo, el Príncipe del Universo 27, cuya finalidad última es la eliminación de la Presencia Divina y la perdición del Hombre”. Es cierto, pero el Príncipe del Universo no puede actuar directamente. Necesita de agentes con libertad de movimientos que elijan aceptar su proyecto. Estos agentes indispensables probablemente aliados, según el panfleto, son los capitalistas financieros y los Amos del Discurso, del cual constituyen el “Espíritu”. Promueven hacia los más altos puestos a “políticos que, en caso de desobediencia a nuestras instrucciones, deberán hacer frente a cargos criminales o deberán desaparecer. Arreglaremos las elecciones a favor de candidatos cuyo pasado está manchado de oscuros crímenes, todavía ocultos. Para nosotros, estos serán agentes de fidelidad a prueba de todo, por temor a ser desenmascaraos”. Estos es algo que nos resulta familiar, a nosotros, los contemporáneos del Watergate y de Monika Lewinsky. El pasaje del Estadio Uno (liberalismo y libertad) al Estadio Dos (tiranía) se produjo durante nuestra vida. Si en 1968 el New York Times promovió a los Freedom Riders 28, en el 2002 se hizo propagandista del Patriotic Act 29. Un abogado norteamericano de gran fama, Alan Dershovitz, de Harvard, hizo un viraje de 180 27 Belzebú (N de T) 28 Beatniks que recorrían los EEUU en sus motos (N de T) 29 Reglamentación de excepción que rige en los EEUU a consecuencias de los atentados del 11 de septiembre 2001 (N de T) — 40 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf grados, pasando de la defensa de los derechos humanos a la del derecho a torturar. Este giro fue anunciado por los Protocolos, que lo presentan como la fase anterior a la lucha contra las antiguas elites. La aristocracia vivía del trabajo de los obreros, y por eso los quería bien alimentados, fuertes y con buena salud. El pueblo ha aniquilado a la aristocracia y ha caído en las garras de crueles bandidos de dinero. En términos menos emocionales, la nueva burguesía apartó a las viejas elites, con el apoyo del pueblo, prometiendo libertades y criticando los privilegios. Después de su victoria, se arrogó los privilegios y se reveló como siendo tan mala (si no es peor) para el pueblo como los señores feudales. Marx hizo alusión a esta acusación proveniente de la aristocracia en uno de los numerosos addenda al Manifiesto Comunista, considerándola fútil, aunque parcialmente justificada. Sin embargo, no vivió bastante tiempo como para asistir a un proceso similar, que se produjo en los últimos días de la Unión Soviética. La nueva burguesía naciente tomó el control del discurso, convenció al pueblo acerca de la necesidad de combatir los privilegios de la Nomenklatura, por la libertad y la igualdad. Después de su victoria, se arrogó estos privilegios, a los que multiplicó, echando al olvido la igualdad y la libertad. Los Protocolos predicen el apogeo de la nueva burguesía, el apogeo de los adoradores de Mammon, partidarios de la globalización, visceralmente hostiles a las antiguas elites, al Espíritu, a la religión y a la gente común. Durante mucho tiempo, fueron los motores de la izquierda, de los movimientos que aspiraban a la democracia -hasta que se alcanzaran sus objetivos- después de lo cual, efectuaron una gran media vuelta, en dirección a la oligarquía. El gradiente de este viraje radical pueden medirse con la vara de las tasas de impuestos sobre las transferencias y las propiedades heredadas en Inglaterra: en tanto la burguesía financiera y los Amos del Discurso combatían a las antiguas clases dirigentes, las tasas eran elevadas y terminaron por desmantelar las bases del poder. Después de la victoria de la burguesía, las tasas bajaron, permitiendo la consolidación de nuevas clases dirigentes. Efectivamente es posible que el Antiguo Régimen haya tenido también él algunas ventajas. Es seguro que la transición a partir del antiguo régimen podría haber sido diferente, si el pueblo hubiese tenido consciencia de las intenciones del enemigo. Pero el curso de la historia no puede ser invertido y es inútil soñar con el regreso de los buenos y generosos señores y de los devotos jefes del Partido. Así, como vemos, los Protocolos (expurgados de cualquier referencia a los judíos y a las conspiraciones) son útiles. En efecto, describen el plan del Nuevo Orden Mundial, lo que le permite a sus adversarios trazar una estrategia defensiva contra los objetivos del enemigo. Pero las referencias a los judíos constituyen una parte importante de este texto. Los judíos y los Protocolos Los Protocolos identifican a la fuerza ejecutante del Nuevo Orden Mundial con un grupo poderoso de dirigentes judíos extremadamente chauvinistas, manipuladores y dominadores. Estos dirigentes – siempre según los Protocolos- desprecian a los miembros comunes de la comunidad (judía); se valen del antisemitismo como de un medio que les permite mantener en la esclavitud a sus “hermanos menores”, la gente del pueblo de origen judío. Los dirigentes son descritos como psicópatas que odian a los goys, dedicados a la destrucción de la cultura y de las tradiciones de las otras naciones, al mismo tiempo que preservan cuidadosamente las suyas. Sus objetivos consisten en crear un gobierno mundial que les permita reinar sobre un mundo homogeneizado y globalizado. Sus objetivos y sus intenciones están expresados en términos extremadamente antitéticos y peyorativos. Solzhenitsin deduce de esto que ninguna persona sensata presentaría sus ideas favoritas de manera tan envilecedora. “Nosotros extraemos el oro de su sangre y de sus lágrimas”, “nuestro poder está basado en el hambre de los trabajadores”, “los revolucionarios son nuestros instrumentos humanos”, “el espíritu grosero de los goys”, etc. Para Solzhenitsin, todas estas frases le son atribuídas a los judíos por sus enemigos. Un judío preferiría expresar tales ideas de manera sesgada, en su opinión. Este argumento no se sostiene. Algunas personas, ciertamente, se expresan indirectamente, pero otros son muy directos al hablar. Un armenio de Baku, la capital — 41 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf de Azerbaidjan, me dijo, hace mucho tiempo – era en 1988- : “Los azeris son nuestros animales; sin nuestra inteligencia, de nosotros los armenios, su país se derrumbaría en unos pocos días. No son más que asnos ignorantes”. Unos meses después, una explosión de violencia de los azeris nativos expulsó de Azerbaidjan a los armenios – tan inteligentes- y desde entonces, los azeris se las arreglan bastante bien, ellos solos. David Ben Gurión, el primer dirigente del Estado judío, hacía gala de su indescriptible arrogancia, con una máxima del mismo tipo: “¿Quién se preocupa por lo que dicen los goys? ¡Solamente importa lo que hacen los judíos!” Esta frase podría ser una cita tomada directamente de los Protocolos. Los Protocolos le hacen decir a los Sabios: “Cada víctima judía, a los ojos de Dios, vale un millar de goys”. Esta frase, quintaesencia de la arrogancia, no es la vana invención de un antisemita. Dos ministros del gobierno de Sharon, Uri Landau e Ivet Lieberman, han pedido que se mate a mil goys palestinos por cada víctima judía. Un extremista judío, durante una manifestación para la reconstrucción del templo judío sobre el Monte del Templo ( el 18 de noviembre 2002), llamó a cada judío a matar a un millar de goys palestinos. Aparentemente, algunas ideas de los Protocolos no serían tan ajenas para algunos judíos. El añorado pensador israelí Israel Shahak y el escritor judío norteamericano Norton Mezvinsky citan, en su obra en común Jewish Fundamentalism in Israel30 una plétora de frases de rabinos que no desentonarían en los Protocolos: “La diferencia entre un alma judía y las almas de no judíos es más grande y más profunda que la que existe entre el alma humana y la de los animales” Shahak y Mexvinsky han mostrado que el odio de los judíos chauvinistas no establece diferencias entre palestinos, árabes y goys en general. En otros términos, todo lo que ha podido ocurrirles a los palestinos puede muy bien ocurrirles mañana a cualquier comunidad de gentiles que llegara a atravesarse en el camino de los judíos. De hecho, si los Protocolos no tuviesen ninguna relación con la realidad, no tendrían la popularidad que tienen. Los judíos son lo bastante poderosos como para soñar con la dominación y algunos lo hacen. Aparentemente, algunas ideas judías han encontrado un lugar en ese texto. Otros pensamientos son atribuidos a los judíos sobre la base del qui bono [31]. La idea sin duda menos aceptable de los Protocolos es la suposición de que una conspiración judía extremadamente antigua tiene como finalidad el apoderarse del poder mundial. La opinión filosemita extrema le niega a los judíos la capacidad de actuar de conjunto y los presenta como individuos muy exclusivistas, que solamente se unen para rezar. Esta opinión no es la de los judíos, y se contradice con el sentido común. Solzhenitsin no cree en la existencia de los Sabios de Sión, aunque “la reunión y la coordinación de actividades judías con vistas a su promoción haya podido llevar a numerosos autores (empezando por Cicerón) a imaginar que pudiese existir un centro único de mando que coordine sus ofensivas… Sin tal centro mundial, sin conspiración, los judíos se comprenden entre sí y son capaces de coordinar sus acciones”. Los judíos son por cierto perfectamente capaces de coordinar sus acciones, pero dudo que algunos seres humanos, ya sean judíos o ingleses, rusos o chinos, sean capaces de formar planes a escala mundial válidos durante varios siglos y en varios continentes. Nadie pudo probar alguna vez la existencia de un complot semejante. Generalmente, los antisemitas (los que ponen en duda o niegan, la complacencia de los judíos con respecto a la sociedad de los no judíos) alegan en favor de la autenticidad de los Protocolos, como lo hizo Henry Ford. Este rey del automóvil declaró en efecto [32] : “ El único juicio que aportaré, acerca de los Protocolos, es que se aplican perfectamente a lo que está pasando.” En efecto “se ajustan punto por punto a la realidad”, exclamó, en cuanto a él, Victor Marsden, traductor inglés de los Protocolos. Sin embargo, esto no prueba en nada la existencia de algún complot judío. Podemos llegar a los mismos resultados apartando radicalmente la interpretación mediante el complot, aplicando el concepto de interés propio de la comunidad judía existente, tan notablemente descrito por Shahak- Mezvinsky. Vamos a demostrar que el concepto de la Mano Oculta o de los Sabios de Sión es superfluo e inútil. La comunidad judía tradicional tenía una estructura de “pirámide invertida” según la expresión misma de los teóricos sionistas: incluía a mucha gente acomodada, culta y poderosa y muy pocos obreros. Esto no sorprenderá, si se sabe que los sionistas 30 Pluto Press, 1999 31 A quien aprovecha el crimen (n de t) 32 En una entrevista publicada en el New York World , 17 de febrero de 1921. — 42 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf consideraban, artificialmente, que los judíos estaban divorciados de la sociedad en la que vivían. La “pirámide invertida” de los judíos no podía existir sin una pirámide, bien ubicada sobre su base, en cuanto a ella, de los gentiles de las clases inferiores. Los judíos están en competición con las elites nativas de la sociedad de los gentiles, para la adquisición del derecho a explotar a los trabajadores y a los campesinos no judíos. El modus operandi de los dos competidores difiere. En tanto las elites nativas compartían algunos valores con sus clases inferiores y garantizaban generalmente cierta movilidad al permitir el ascenso social, la comunidad judía tenía su propia estructura y sus propios valores. Económicamente, estaba a favor de la explotación capitalista o pre-capitalista de los nativos, en tanto ideológicamente la comunidad declaraba su lealtad a sus propios dirigentes, el rechazo de una común humanidad con los nativos, un etnocentrismo extremo, un sentimiento de superioridad racial y religioso sobre los nativos. Se trataba de una comunidad marginal que no contraía ningún lazo, ni de casamiento ni de amistad, con los nativos. En tanto comunidad marginal, los judíos estaban emancipados de antiguas consideraciones morales que podía ser las de las elites autóctonas. Así, por ejemplo, la comunidad judía de Ucrania, en el siglo XVII, representaba una cohorte de financistas y de recolectores de impuestos sobre las granjas. Le quitaban a cada nativo SEIS veces más impuestos e intereses de lo que hacía el propietario no judío, ha escrito un historiador judío ucraniano eminente, Saul Borovoy, en una obra recientemente aparecida en Jerusalén. Las comunidades judías, en Mahgreb, sostenían el poder colonial en contra de sus vecinos no judíos, etc. Sus tradiciones les impedían cualquier relación normal con los autóctonos. Supongamos ahora que una comunidad hecha así obra según sus únicos intereses egoístas. Olvidemos por un instante el complot, olvidemos a los Antiguos de Sion, sabios o no. Supongamos (lo cual es totalmente imaginable) que el único objetivo de la comunidad sea el de promover su propio bienestar. Para un grupo marginal, esto significa ampliar tanto como se pueda el foso que separa a sus miembros de la población autóctona, al mismo tiempo que se reducen los riesgos de un cambio de manija. En su propio interés, el grupo, naturalmente, va a sostener cualquier movimiento dirigido contra las elites nativas, que surjan por iniciativa del rey (como lo hicieron los judíos, antes de la Revolución francesa) o de las clases inferiores en rebelión. Este apoyo no derivará de ningún modo del amor de los judíos por la democracia o por su naturaleza rebelde, sino de su deseo de mejorar su propia situación. Una situación ideal estaría creada por la masacre o la expulsión de las elites autóctonas, ya que los miembros de la comunidad podrían apoderarse de sus situaciones y de su poder. Es efectivamente lo que pasó en la Rusia soviética y en la Hungría soviética después de la Primera Guerra mundial. La masacre y el exilio de las elites nacionales liberaron las posiciones de poder y de influencia, haciéndolas accesibles a los judíos. El interés explica el compromiso judío en la temible Cheka, el servicio soviético de seguridad. Hasta 1937, los judíos ocuparon las funciones dirigentes en este ancestro de la KGB, mientras millones de rusos perdían la vida o su libertad. Objetivamente, estos verdugos « liberaban » lugares y departamentos para sus correligionarios judíos. Después de la masacre y el exilio de las elites rusas, los judíos estaban dispuestos para la igualdad, ya que el hijo de un rabino podía fácilmente competir con un hijo de obrero o de campesino ruso, en tanto sin duda no hubiese sido capaz de hacerlo con un hijo de la aristocracia rusa. De la misma manera, los judíos garantizaron una igualdad limitada para los palestinos hasta 1966, después de haber confiscado hasta el 90% de las tierras de los nativos y haber expulsado al 90% de ellos. Actualmente, los colonos prometen conceder la igualdad al resto de los palestinos, después que hayan expulsado a la mayoría todavía más lejos. Considerando el enorme apoyo de que goza Israel, no hay ninguna razón para suponer que la manera de operar de los judíos en Israel sea intrínsecamente diferente de las intenciones de los judíos en otras partes del mundo. Soljenitsin escribe: Los oficiales ejecutados (durante la Revolución) eran rusos, como eran rusos los nobles, los sacerdotes, los monjes, los diputados asesinados… En los años 1920, los ingenieros y los científicos de antes de la Revolución fueron asesinados o exilados. Eran rusos fueron judíos los que tomaron sus lugares. En el mejor instituto — 43 — Israel SHAMIR La lluvia verde de Yasuf psiquiátrico de Moscú, los miembros dirigentes fueron exilados o detenidos y sus lugares fueron ocupados por judíos. Los médicos judíos influyentes bloquearon el avance de la carrera de investigadores rusos en ciencias médicas. Los mejores elementos de las elites intelectuales y artísticas del pueblo ruso fueron asesinados mientras los judíos crecían y prosperaban, en esos años terribles (para los rusos). La nueva elite judía no se identificó totalmente a Rusia; persiguió una política propia. Esto tuvo un efecto decisivo en 1991, cuando más del 50% de los judíos (a oponer a un 13% de rusos) sostuvieron al golpe de Estado pro-occidental del Presidente Boris Yeltsin. En 1995, 81% de los judíos votaron por partidos pro-occidentales, y solamente un 3% por comunistas (a oponer al 46% de los rusos), según la obra de una socióloga judía , Sra Ryvkina, Jews in Post-Soviet Russia (1996). En una América en constante expansión, los judíos no tuvieron necesidad de matar o de suplantar a las elites autóctonas; se volvieron un componente importante de las mismas, controlando el discurso y conquistando un poder financiero considerable. Todavía no se identifican con la América goy: cada año, obligan al Congreso y al gobierno a enviar cinco mil millones de dólares al retoño israelí, y se esfuerzan por presionar a Norteamérica, hoy, para entrar en guerra con Irak en su lugar. Ejercen una verdadera discriminación con respecto a los otros norteamericanos, ya que si no lo hiciesen, el 60% de los principales medios no estaría en sus manos [33]. Los judíos de Francia no se identifican tampoco con Francia. “Su identificación con el Estado de Israel es extrema; borra los lazos con el país en el que viven”, escribe Daniel Ben Simon en el diario israelí Haaretz. “ Esta doble lealtad me fue explicada sin rodeos por un médico judío de Niza: “ Si tengo que elegir entre Israel y Francia, no me provoca ni la sombra de una duda: me siento más cercano a Israel”, me dijo este médico, sin la menor vacilación. Nacido en Francia, se formó en Francia, habla en francés con su mujer y con sus hijos. Pero en las profundidades de su corazón, siente una mayor afinidad con el Estado judío. En Palestina, los judíos no tienen ninguna compasión por los nativos. Circulan por rutas reservadas, hacen sus estudios en escuelas segregadas, en tanto un judío consume diez veces más agua que un goy y se beneficia de ingresos siete veces superiores. Así, el sentimiento separatista judío queda implantado en la vida cotidiana de muchas de las comunidades judías. Por su propio interés, los judíos deben disimular su posición privilegiada tanto en materia de fortuna como de poder, con los siguientes medios: — no dejar nunca de evocar al Holocausto para oponerse a la envidia de los otros. — en una sociedad monoétnica, los judíos son el único cuerpo extranjero en diferenciarse y en llamar la atención, mientras que en una sociedad multicultural, apenas si se los nota. Por eso los judíos alientan la inmigración proveniente de países no europeos, en tanto la presencia de los inmigrados modera la marca del exclusivismo judío. — lo políticamente correcto es un medio suplementario de prohibir todo debate sobre el tema de la influencia de los judíos. — la lucha contra el cristianismo y la Iglesia está por supuesto dentro del interés de una comunidad no cristiana: si la Iglesia fuese poderosa, los cristianos preferirían a su propia elite, la elite cristiana. — la globalización está bien adaptada a un pueblo repartido por el mundo entero, que le concede poca importancia al modo de vida local. — el empobrecimiento de los nativos no es más que el otro lado de la moneda del enriquecimiento de las comunidades judías. En resumen, una gran parte (no la totalidad, sin embargo) de los proyectos adjudicados a los judíos por los Protocolos son en efecto las ideas útiles y necesarias para el bienestar comunitario de los judíos, sin que haya necesidad de algún odio extremo en contra de los gentiles ni/o una supervisión de no se sabe qué Sabios de Sión. No hay que ir a buscar más lejos el éxito nunca desmentido de los Protocolos. Paradojalmente, sin el apartheid israelí, estos hechos permanecerían invisibles, para el resto de la comunidad humana.

33 Datos suministrados por Kevin McDonald, de la Universidad de California.

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