San Agustin - No le pidas a Dios

CAPITULO XI

De Gog y de Magog, a quienes al fin del siglo ha de mover el demonio, y suelto, contra la Iglesia de Dios «Y cumplidos, dice, mil años, soltarán a Satanás de su cárcel y saldrá engañar las gentes que habitan en los cuatro extremos de la tierra a Gog y Magog, y los traerá a la guerra, cuyo número será como las arenas del mar. Para obligarlos, pues, a esta guerra los seducir. Pues también anteriormente por los medios que podía lo engañaba, causándoles muchos y diferentes males. Y dice: saldrá; esto es, de los, ocultos escondrijos de los odios y rencores saldrá en público á perseguir la Iglesia siendo ésta la última persecución por acercarse ya el último y final juicio, que padecerá la Santa Iglesia en todo el orbe de la tierra, es decir; la universal ciudad de Cristo, de la universal ciudad del demonio en toda la tierra. Y estas gentes, que llama Gog y Magog, no deben tomarse como si fuesen algunos bárbaros que tienen fijado su asiento en alguna parte determinada de la tierra; o los Getas y Masagetas, como sospechan algunos fundados en las letras con que principian estos nombres; o algunos otros gentiles, ajenos y no sujetos a la jurisdicción romana.

Porque da a entender que éstos se hallarán por todo el orbe de la tierra, cuando dice: «las gentes que habrá en algunas partes de la tierra», y éstas, prosigue, son Gog y Magog. Interpretados estos nombres, hallamos que quieren decir Gog el techo y Magog del techo, como la casa y el que sale y procede de la casa. Así que son las gentes en quienes, como dijimos arriba, estaría encerrado el demonio como en un abismo; y él mismo, que parece que sale y dimana de ellas; de suerte que ellas sean el techo y él del techo. Y si ambos nombres los referimos a las gentes y no el uno a las gentes y el otro al demonio, ellas son el techo, porque en ellas ahora se encierra y en cierto modo se oculta aquel nuestro antiguo enemigo, y ellas mismas serán el techo cuando del odio encubierto saldrán al odio público y descubierto. Y lo que dice: «Y subieron sobre la latitud de la tierra y cercaron el ejército de los santos y la ciudad amada», no se entiende que vinieron o que habrán de venir a algún lugar determinado, como si en cierto lugar haya de estar el ejército de los santos y la ciudad querida, pues ésta no es sino la iglesia de Cristo que está esparcida por todo el orbe de la tierra, y dondequiera que, estuviere entonces, que estará en todas las gentes, lo que significó con el nombre de la latitud de la tierra, allí estará el ejército de los santos, allí estará la Ciudad querida de Dios, allí todos sus enemigos, porque también ellos con ella estarán en todas las gentes, la acercarán con el rigor de aquella persecución, esto es, la arrinconarán, apretarán y encerrarán en las angustias de la tribulación. Y no desamparará su milicia, la que mereció que la llamasen con nombre de ejército.

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