Sicelides Musae, paulo maiora canamus.
non omnis arbusta iuvant humilesque myricae;
si canimus silvas, silvae sint consule dignae.

Musas de Sicilia, cantemos algo más grande. No a todos gustan los vergeles y los tamarindos humildes. Si can­tamos a las selvas, sean las selvas dignas de un cónsul.

Ultima Cumaei venit iam carminis aetas;
magnus ab integro saeclorum nascitur ordo.               
iam redit et Virgo, redeunt Saturnia regna,
iam nova progenies caelo demittitur alto.
tu modo nascenti puero, quo ferrea primum
desinet ac toto surget gens aurea mundo,
casta fave Lucina; tuus iam regnat Apollo. 

Ya ha llegado la última edad que anunció la profecía de Cumas”. La gran hilera de los siglos empieza de nuevo. Ya vuelve también la virgen, el reino de Saturno vuelve. Ya se nos envía una nueva raza del alto cielo. Únicamente, a ese niño que nace, con quien terminará por fin la edad de hierro y surgirá la edad de oro para todo el mundo, tú, casta Lucina, ampáralo: ya reina tu Apolo.

Teque adeo decus hoc aevi, te consule, inibit,
Pollio, et incipient magni procedere menses;
te duce, si qua manent sceleris vestigia nostri,
inrita perpetua solvent formidine terras.
ille deum vitam accipiet divisque videbit              
permixtos heroas et ipse videbitur illis
pacatumque reget patriis virtutibus orbem.

Justamente en tu consulado, el tuyo, Polión, lle­gará tal gloria del tiempo y empezarán a marchar los grandes meses. Bajo tu guía, si alguna huella de nuestro pasado queda, se borrará, librando a las tierras de su miedo eterno. Él tendrá la vida de los dioses y verá a los héroes mezclados entre los dioses, y él, a su vez, será visto por ellos. Y gobernará el orbe pacificado por las virtudes de su padre.

At tibi prima, puer, nullo munuscula cultu
errantis hederas passim cum baccare tellus
mixtaque ridenti colocasia fundet acantho.             
ipsae lacte domum referent distenta capellae
ubera nec magnos metuent armenta leones;
ipsa tibi blandos fundent cunabula flores.
occidet et serpens et fallax herba veneni
occidet; Assyrium vulgo nascetur amomum.    

Ahora bien, como primeros regalillos, niño, la tierra sin ninguna labranza derramará por doquier para ti hiedras errantes, así como bácaris, y colocasias enreda­das con cardos risueños. Las cabras volverán a casa so­las con las ubres hinchadas de leche, y las vacas no te­merán a los grandes leones; por sí sola la cuna derramará para ti blandas flores. Morirá también la serpiente; la hierba que engaña con el veneno morirá también; por todas partes nacerá el amomo asirio.

At simul heroum laudes et facta parentis
iam legere et quae sit poteris cognoscere virtus,
molli paulatim flavescet campus arista
incultisque rubens pendebit sentibus uva
et durae quercus sudabunt roscida mella.  

Mas así que puedas leer las glorias de los héroes y las gestas de tu padre, y saber qué es el valor, poco a poco irá amarilleando el campo con la blanda espiga, de los zarzales bravíos colgará el racimo rojizo y las duras en­cinas destilarán el rocío de la miel.

Pauca tamen suberunt priscae vestigia fraudis,
quae temptare Thetin ratibus, quae cingere muris
oppida, quae iubeant telluri infindere sulcos.
alter erit tum Tiphys et altera quae vehat Argo
delectos heroas; erunt etiam altera bella               
atque iterum ad Troiam magnus mittetur Achilles.

Sin embargo, subsistirán unas pocas huellas del yerro primitivo, que manden tentar a Tetisló con los bar­cos, ceñir plazas con murallas, hender surcos en la tie­rra. Habrá entonces un segundo Tifis y una segunda «Argó» que transporte a los héroes elegidos; habrá también otras guerras segundas y otra vez se enviará a Troya un gran Aquiles.

Hinc, ubi iam firmata virum te fecerit aetas,
cedet et ipse mari vector nec nautica pinus
mutabit merces; omnis feret omnia tellus.
non rastros patietur humus, non vinea falcem,              
robustus quoque iam tauris iuga solvet arator;
nec varios discet mentiri lana colores,
ipse sed in pratis aries iam suave rubenti
murice, iam croceo mutabit vellera luto,
sponte sua sandyx pascentis vestiet agnos.   

Luego, cuando ya la edad robusta te haga un hombre, el propio pasajero renunciará al mar, y el pino na­val’ no cambiará mercancías. Toda tierra dará de todo. El suelo no sufrirá a los rastrillos, ni la viña las hoces; el forzudo labrador desuncirá entonces también los toros del yugo. La lana no aprenderá a fingir colores variados, sino que el propio carnero, en los prados, cambiará sus vellones ora con púrpura suavemente roja, ora con amarillo azafrán; de su grado el color es­carlata teñirá a los corderos en el pasto.

‘Talia saecla’ suis dixerunt ‘currite’ fusis
concordes stabili fatorum numine Parcae.

«Aprisa, hilad tales siglos», dijeron a sus husos las Parcas, de acuer­do con la voluntad inmutable de los hados.

Adgredere o magnos—aderit iam tempus—honores,
cara deum suboles, magnum Iovis incrementum.
aspice convexo nutantem pondere mundum,              
terrasque tractusque maris caelumque profundum;
aspice, venturo laetantur ut omnia saeclo.

Entra en los grandes oficios (ya llega el momento), oh vástago querido de los dioses, magna semilla de Jú­piter. Mira el mundo que te hace señal con el peso de su bóveda, y las tierras, los trechos del mar, el cielo pro­fundo; mira cómo todo se alegra con el siglo que está al llegar.

O mihi tum longae maneat pars ultima vitae,
spiritus et quantum sat erit tua dicere facta:
non me carminibus vincat nec Thracius Orpheus               
nec Linus, huic mater quamvis atque huic pater adsit,
Orphei Calliopea, Lino formosus Apollo.
Pan etiam, Arcadia mecum si iudice certet,
Pan etiam Arcadia dicat se iudice victum.

¡Ojalá me reste para entonces la última parte de una vida larga y el aliento suficiente para decir tus ha­zañas! No ha de vencerme a cantar ni Orfeo de Tracia, ni Lino, aunque al uno le asista la madre, y al otro el padre, a Orfeo, Calíope, a Lino, el hermoso Apolo. In­cluso si Pan compitiese conmigo ante el juicio de la Ar­cadia, Pan incluso confesaría que ha sido vencido ante el juicio de la Arcadia.

Incipe, parve puer, risu cognoscere matrem;               
matri longa decem tulerunt fastidia menses.
incipe, parve puer. qui non risere parenti,
nec deus hunc mensa dea nec dignata cubili est.

Empieza, niño pequeño, a conocer a tu madre riéndole (a tu madre diez meses trajeron largos hastíos); empieza, niño pequeño: al que no le han reído los padres, no lo convida a su mesa el dios ni la diosa a su lecho.


Tomando una predicción de la Sibila Cumea, sacerdotisa de Apolo, el poeta anuncia en su cuarta égloga el nacimiento de un niño que traería de vuelta a la Tierra la edad dorada de Astrea, una renovación universal que se iniciaría bajo el reinado de Augusto César (63 a. de C.-14 d. de C.)


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La Sibila Tiburtina profetizándole a Augusto César el nacimiento del Niño Jesús. Grabado emblemático. En Juan de Solórzano Pereira, Emblemata centum, regio politica, Madrid, 1653.

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