La teoría marxista de la lucha de clases no empeña más que un juicio de valores. Marx no hu­biera descubierto la existencia del proletariado si no hubiera llevado en sí a la valoración de lo que es ele­vado y de lo que es vil, del “bien” o del “mal”. Al fondo de su doctrina, como de toda doctrina revolu­cionaria extremista, se respira una supervivencia del dualismo maniqueo, del contraste violento entre el imperio del dios bueno y del dios malo. Dualismo que será vencido por la victoria del proletariado que Marx (es muy importante constatarlo) reviste, al mismo tiempo que le presta su misión de mesías, de todos los caracteres del pueblo “elegido de Dios”. Carlos Marx era judío, pero separado de la fe de sus mayo­res, impregnado, sin embargo, en su inconsciente del deseo mesiánico de Israel. Lo inconsciente es siempre más fuerte que lo consciente. Para él, el prole­tariado es un nuevo Israel, libertador y constructor de la nueva ciudad terrestre. El comunismo prole­tario de Marx es una disidencia del viejo chiliismo ( ?) hebreo. (NOTA: supongo que quiso decir quiliasmo, la idea del quiliasmo es herejía cristiana, el “judaísmo” rabínico y cabalista es mesianista carnal en sí mismo, no es una desviación) El pueblo elegido se trocó en clase ‘ele­gida’. Se ve por ahí que esa idea es de esencia pura­mente religiosa y que la ciencia no llega a ella por ninguna parte, y ésa es la médula de la religión co­munista. La noción mesiánica es siempre de origen judío, ajena al pensamiento griego.Y lo mismo su­cede con el pensamiento mesiánico ruso. Es el que procura un elemento dinámico a todo movimiento revolucionario.


Dos corrientes mesiánicas se encontraron y afluye­ron en la revolución rusa: el mesianismo del proleta­riado y el del pueblo ruso. El pueblo ruso se ha iden­tificado con el proletariado, con el cual, prácticamen­te, no puede coincidir. En el alma del pueblo ruso dormía desde el pasado remoto un sentimiento profundo de su gran vocación religiosa. Ya en el siglo xv, el monje Filoteo había elaborado una teoría de Moscú, Tercera Roma; después de la caída de Bizan­cio, Rusia, según él, había quedado como único refu­gio de la fe ortodoxa, de la más pura fe cristiana, que los demás pueblos habían traicionado. Moscú es la Tercera Roma, la Nueva Roma, la última. Con­cepción mesiánica que ha quedado impresa en el pue­blo ruso en el curso de los tiempos, a través de las metamorfosis, y en particular durante la terrible cri­sis que produjo el cisma del siglo xvii. Transformada en el brazo izquierdo de este cisma, pasó en el siglo lux a las altas esferas intelectuales, entre los escri­tores y los pensadores. Bajo cierto aspecto se la vuel­ve a encontrar entre los revolucionarios, especialmen­te en el anarquista Balamin El sentimiento mesiá­nico de Dostoiyewski se expresa en su definición del pueblo ruso como pueblo que lleva a Dios. Cuando el escritor Leontiev -perdida la fe en la vocación reli­giosa de sus compatriotas— cree que el pueblo ruso lleva en su seno al Anticristo, viene, sin embargo, a investirles de cierto mesianismo tenebroso. El bol­chevismo es la última encarnación atea: cree que la luz viene de Oriente, y que la antorcha de la revolu­ción rusa iluminará las tinieblas burguesas de Occi­dente. El pueblo ruso no realizó su idea de la Ter­cera Roma; realiza la de la Tercera Internacional. Y en esa Tercera Internacional debe sellarse la unión funesta de la idea mesiánica internacional y proleta­ria. Aun siendo una revolución nacional, la revolu­ción rusa suscita ideas proletarias internacionales. Esta religión comunista, que no es de origen ruso, se refracta en la forma del pensamiento religioso ruso. Pensamiento que consiste ante todo en la esperanza de la realización del Reino de Dios en la tierra.


Nikolái Aleksándrovich Berdiáyev (translitera al cirílico Николай Berdyaev2.jpgАлександрович Бердяев ( Kiev, 1874 – París, 1948) fue un escritor y filósofo ruso, cuyas profundas convicciones religiosas y su oposición al autoritarismo marcaron su obra y su vida. Sufrió el destierro en el norte de Rusia, condenado por el régimen zarista. En Alemania efectuó estudios de posgraduado. Profesó en la Universidad de Moscú desde 1919 a 1920, siendo después expulsado de su patria por su resuelta oposición al comunismo.

 

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