El Diablo no tiene en el Islam un papel de comprimario de gran calidad, como entre nosotros. Iblis (o Saitán) revela hasta en los nombres su descendencia del hebreo Satanás y del cristiano Diabolos.

También él es un rebelde contra Dios, un tentador de los hombres, un jefe de los malos espíritus. En un solo aspecto —pero esencial—, se distingue Iblis de nuestro Diablo; y por esa sola diferencia vale la pena de que hablemos de él.

Se trata del motivo por el cual se rebeló contra Alá y fué echado del cielo. El Corán (VII, 10-17) cuenta cómo sucedieron las cosas. Es el mismo Alá quien se dirige a los hombres: “Nosotros os hemos creado. Nos­otros os hemos dado vuestra forma. Entonces nosotros dijimos a los Ángeles: ‘Prosternaos delante de Adán.’ Ellos se prosternaron excepto Iblis que no era de los que se prostenian. (Dios) dijo: ‘¿Qué te impide proster­narte cuando Yo mismo te lo ordeno?’ (Iblis) contestó: ‘Yo soy mejor que él. Tú me has creado de fuego, y lo has creado de barro.’ (Dios) dijo: ‘¡Vete de aquí! ¿De qué puedes enorgullecerte? ¡Sal! En verdad tú eres (uno de los) despreciados.’ (Iblis) dijo: ‘Dame una tregua hasta el día en que ellos (los hombres) resuciten.’ (Dios) dijo: ‘En verdad, tienes esa tregua.’ (Iblis) dijo: ‘Y como Tú me has inducido a error, yo los espiaré en Tu recto camino. Y vendré seguramente sobre ellos, adelante y atrás, a su derecha y a su izquierda, y Tú no hallarás muchos que te estén reconocidos.’ (Dios) dijo: ‘Sal de aquí, despreciado y expulsado. Y en cuanto a quienes te sigan… ¡llenaré el infierno seguramente con todos vosotros!’ ” 1

Otro pasaje del Corán (XVIII, 48) alude al rechazo de Iblis, pero sin agregar nada nuevo.

Según Mahoma, la expulsión del ángel Iblis se habría debido a la desobediencia, a los celos, al orgullo. Iblis no se rebela contra Alá porque quiere igualarse a él, sino solamente porque no quiere arrodillarse ante el primer hombre, a quien considera un ser inferior. Algunos Pa­dres de la Iglesia, como hemos visto, habían atribuído la caída de Satanás a sus celos por Adán; pero en el Corán aparece, más que los celos, un sentido de sombría altivez, un impulso de orgullo que se justifica por un principio de justicia: Mi naturaleza es más elevada que la de Adán; ¿por qué he de prosternarme, entonces, ante él?

Invoca una sola razón de esa superioridad: Iblis ha sido hecho de fuego; Adán, de fango. Y esta razón parece —hasta de acuerdo con la antigua jerarquía de los ele­mentos— fundada y legítima. También en nuestra teología los espíritus angélicos están hechos de luz y de llamas, es decir, de un elemento más noble que el “lodo de la tierra”; el cieno es sinónimo de suciedad y de ver­güenza.

Pero Alá no se preocupa por contestar al argumento de Iblis. ¿Por qué misterioso designio exigía el Dios de Mahoma que las criaturas angelicales se prosternasen a los pies de Adán? El Corán no lo dice, y nosotros debemos limitarnos a conjeturas. ¿Alá sabía, tal vez, que el hombre —como ya lo había dicho San Pablo— es en ver­dad superior hasta a los ángeles? ¿O más bien ha querido someter a prueba a las criaturas angelicales imponién­doles un sublime acto de humildad?

Sea como fuere, Alá, aunque airado por la desobediencia de Iblis, no lo desprecia: ,”No era de los que se pros­ternan”, dice el Corán; y estas palabras pueden interpre­tarse en dos sentidos: era demasiado soberbio para prosternarse; o, si no: la consciente dignidád de su rango le impedía tan humillante homenaje.

Efectivamente Alá no trata a Iblis con severidad inexo­rable. Le concede, sin más, la tregua que el desobediente le pide; y no le prohibe siquiera la anunciada venganza. Iblis espiará a los hombres y los perseguirá por todas partes para demostrarle a Dios que, no son dignos de sus beneficios. Alá se limita a advertir que todos, los demonios y sus secuaces, irán a poblar el infierno.

La influencia de la Biblia es manifiesta: también en el libro de Job vemos a Satanás indagando el comportamiento de los hombres; pero la explicación de la caída del Diablo que el Corán ofrece es bastante diferente de la que hallamos en las tradiciones judaicas y cristianas.

El Diablo musulmán se nos aparece, pues, bajo una luz muy distinta de la que circunda al Diablo cristiano. Su figura es menos grandiosa y majestuosa; pero también es menor la malicia de su pecado. En su desobediencia hay, sin duda, una levadura de orgullo; pero su negativa a adorar al hombre no es una rebelión abierta contra Dios como la del Satanás cristiano. Y es extraño que el Islam, que surgió corno reacción a toda forma de idola­tría, nos muestre a Alá, el Dios único, imponiendo a sus Ángeles un acto idolátrico en honor de un ser hecho de cieno. Desde el punto de vista del rigorismo musul­mán, Iblis se muestra, en cierto modo, más musulmán que el mismo Alá.

1 [El Autor sigue aquí, como en el otro pasaje, anteriormente citado, del Corán, la traducción de Edouard Monta (París, 1929, Payot) , que es la que a mi vez sigo. N. del 1.1

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