NOTA: Descubrí que leo y tauro son los signos zodiacales según los talmudistas del anticristo y el falso profeta , ahora veré el significado de estos según el cristianismo por eso me ayudaré del libro El Bestiario de Cristo (cuya primera edición apareció en 1940, y todavía cuenta con autoridad en materia icónica de Cristo y simbolismo) de Louis Charbonneau-Lassay quien fue un simbolista cristiano. Su obra forma parte de la ola católica , en un contexto exclusivamente religioso, sin ningún tipo de compromiso político. Mantuvo una relación epistolar con el masón musulmán perennialista René Guénon. Resumiendo sí hay una  identificación del león como el anticristo más no del toro como el falso profeta.

EL LEÓN, EMBLEMA DE LA RESURRECCIÓN Y DEL CRISTO RESUCITADO

En su excelente obra sobre El arte religioso del siglo XIII en Francia’, Émile Mak, al ex­plicar la presencia del león emblemático en un vitral de Bourges que lo muestra cerca de la tumba de Jesús resucitado, refiere también la tradición en virtud de la cual el león, en el arte cristiano, se convirtió en emblema de Jesucristo  en cuanto hombre Dios resucitado, y también en cuanto autor y prinicipio de nuestra futura resurrección: Todo el mundo, dice Mále, admitía en la Edad Media la leona paría leones que parecían nacidos muertos. Durante tres días los cachorros no daban ninguna señal, pero al tercer día volvía el león y les daba vida con su aliento.

Los autores de los Bestiarios de la Edad Media tomaron sin duda esta fición de Aristóteles y Plinio el Viejo, si bien Plutarco,mejor informado de las cosas y los seres de oriente había escrito que los cachorros, por el contrario, vienen al mundo con los ojos muy abiertos; y que por esta razón ciertos pueblos de su época, el león estaba consagrado al Sol, lo que explica su presencia junto a Mitra, Sol invictas.

Cuvier y los naturalistas modernos confirman la opinión de Plutarco, pero es un hecho que los autores y los ar­tistas del medievo trabajaban de acuerdo con la opinión contraria  apoyándose en la autoridad, muy menor en este campo, de Orígenes y del Physyiologus. En aquel mundo completamente idealista, que trataba de monumentalizar cada verdad a través de los símbolos, el auge de la ficción de los cachorros de león nacidos muer­tos y vivificados al tercer día por su padre fue enorme; contó con el favor de San Epifanio, de San Anelmo, de San Yves de Chartres, de San Brunon de Asti, de San Isidoro, de Adamantius de todos los fisiólogos: «La muerte aparente del pequeño león representaba la estancia Jesucristo en el sepulcro, y su nacimiento era como una imagen de la resurrección».

La imagen era incluso doble, pues en ella podía verse también a Cristo que, habiendo sufrido,. se convirtió en  “el primero de la resurrección de los muertos” y que es según San Pablo  el principio, la prenda y el autor de nuestra resurrección. Así Cristo mismo resucitará a sus hijos. Citemos aquí los versos de Abailard.

Ut leonis catulus

Resurrexit Dominas

Quem rugitus patribus

Die tertio

Suscitat vivificas

Teste physyca

Y escuchemos luego a Guillermo de Normandía que escribió su  Bestiario divino a principios del siglo XIII , y creo poder traducir como sigue:

leon resurr2Cuando la leona pare

Su cría cae a tierra, muerta;

Para vivir no tendrá fuerza

Hasta que el padre, en el tercer día,

Le da calor con su aliento,

y lo lame por amor,

De tal manera lo reanima.

Ningún otro módico podría hacer nada.

Así ocurrió con Jesucristoleon resurr

La humanidad que por nosotros tomó

Y que por amor de nosotros revistió

Sintió sus penas y su trabajo

Pero su divinidad no sintió nada.

Creedlo así y haréis bien.

Cuando Dios fue puesto en la tumba

Tres días tan sólo estuvo allí.

Y al tercer día lo reanimó

Su Padre, que lo revivificó

Igual que el león

reanima a su pequeña cría.

EL LEÓN, EMBLEMA  DIRECTO DE LA PERSONA DE JESUCRISTO

He aquí el Rey de reyes:

Le lion senefie  El león significa

Le fils sancte Mariae  El Hijo de Santa María

Reix est tute gens   Rey de todos los pueblos

Sans nul redutement  Sin ninguna duda posible.

Bestiario anglonormando de Philippe de Taun, siglo XII

 Los comentaristas de los Libros sagrados están de acuerdo en considerar que se aplica a Jesucristo lo que concierne a Judá en la profecía de Jacob a sus hijos: «Judá es como un cachorro de león; mi hijo sube de la presa, ha doblado las rodillas y se ha echado con un león, como una leona; ¿quién se atreverá, pues, a hacerlo levantar?. San Ambrosio. por su parte, torna en el Deureronomio, y con la figura del león, otra imagen de Cristo. En él dice Moisés de los hijos del patriarca Gad «Gad fue colmado de bendiciones:, está echado como un león y ha cogido el brazo y la cabeza de su presa» Y el santo obispo de Milán considera que estas palabras hacen de la tribu de Gad una excelente imagen d Salvador, vencedor de Satán, y que, satisfecho de su obra terrena, reposa en el triunfo del cielo.

Pero el principal texto, esta vez formal, que asimila a Cristo con el león nos lo proporciona la .visión de San Juan, descrita en su Apocalipsis: En el trono rodeado por un arco iris “como una visión de esmeralda” y ante el cual estaban inclinados los cuatro animales de alas palpitantes de llamas y los veinticuatro ancianos coronados de oro, he aquí que apareció el libro misterioso, cerrado con siete sellos. Y el Apóstol lloraba porque en el cielo nadie era juzgado digno deromper los sellos del libros. Pero he aqui que uno de los ancianos le dijo: “No llores; allí esta el león de la tribu de Judá: Raíz de David, que con su victoria ha obtenido abrir el Libro, y levantar los sellos… Entonces vi: y en medio del trono y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, un cordero de pie y como inmolado, con siete cuernos y siete ojos que son los siete espíritus de Dios..”

He aquí, pues, el Cristo vencedor mostrado como cordero, porque es «dulce y humilde de corazón», como Él mismo dijo, y como león porque posee, en su plenitud, la fuerza divina y victoriosa.

León y cordero al mismo tiempo, así lo aclamarán la iconografía y la emblemática de todas las épocas cristianas:

El misal del siglo XV de la antigua abadía benedictina de Nouaillé, cerca de Poitiers, saluda así a la Virgen fecunda, en la Prosa de la Anunciación:

Tu parvi et magni                                                                                                           Leonio et Agni                                                                                                       Salvatoris Xpisti                                                                                                   Templum extitisti.

«Tú fuiste el templo del Cristo-Salvador, León y Cordero, tan pequeño y tan grande.» Y más tarde escribirá San Francisco de Sales:«Es verdad que las abejas místicas hacen su miel más excelente en las heridas de este León de la tribu de Judá degollado, despedazado y desgarrado en el monte del Calvario, y los hijos de la Cruz se glorifican en su admirable problema que el mundo no entiende.»

¡Ecce vicit Leo de tribu Juda! ¡He aquí el león de Judá! Esta exclamación será una de las pa­labras sagradas más repetidas en el simbolismo y el hermetismo cristianos; y la fe, la confianza de los pueblos en la virtud de las palabras santas, le conferirán incluso una fuerza de protección especial al emplearla como una especie de fórmula de exorcismo o de talismán piadoso.

Así encontramos un amuleto, probablemente de origen gnóstico y por consiguiente rea­lizado durante los primeros siglos del cristianismo, que representa la lechuza, o más exacta­mente el búho, tomado en esta circunstancia como imagen cierta de Satán, alrededor del cual se despliega la palabra Dominus, rodeada de siete estrellas, y la siguiente inscripción: «Bicit te leo de tribu Juda radis David» (sic). Y en el reverso estas palabras: «Jesu Xpistus ligavit te bratius Dei, et sigillus Salomonix abis notturna non babas ad anima pura est super quis vis sis» (sic), que hay que traducir:

«Te ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David. Jesucristo, el brazo de Dios, te ha atado, y el sello de Salomón. ¡Ave nocturna! ¡que nunca puedas llegar al alma pura, ni a dominar sobre ella, seas quien seas»

Encontramos también un clavo mágico de la misma época que lleva estas palabras: Vicit Leo de tribu Juda + radix David. Solomon + David filius Jesse.

Estas fórmulas de conjuro no dejan ningún lugar a dudas; es el podleon 1er de Cristo, león de Judá, el que se opone al de Satán. (Y al de otras potencias malignas: «¡Seas quien seas!» grita el texto al ave infernal.) Y también es muy probablemente Él quien aparece en el centro de una lám­para cristiana de Cartago, reproducida junto a estas líneas conforme al padre Delattre (Fig. X). Y lo mismo ocurre en el campanario de Saint-Front de Périgueux, donde la presencia de un león entre dos filas de grifos es muy posible que represente jeroglíficamente el descenso de Jesús a los Infiernos.

El Libro de Kells, uno de los más notables documentos paleográficos de Irlanda, contiene una mi­niatura en la que el León-Cristo aparece en el centro de cuatro motivos que son muy explícitos sobre su naturaleza divina: abajo, el Toro y el Águila de San Lucas y San Juan; arriba, en vez del Hombre alado de San Mateo y del León de San Marcos, el miniaturista ha pintado dos flabelos. El león central, pues, es realmente Cristo en medio de los animales evangélicos (Fig. XI). leon 2

Otro ejemplo, todavía más seguro si puede haberlo. El viejo portal románico de la iglesia de Perros-Guirec, en Bretaña, está adornado con un grupo de factura tosca que representa la Trinidad; el Padre está representado por un anciano, el Hijo por un león y el Espíritu Santo por una paloma (Fig. XII). leon 3

El león también es el jeroglífico del Salvador cuando nos es mostrado en combate con la serpiente, el dragón o algún otro animal de mala fama, como por ejemplo el león que cita Martigny, que tiene entre las zarpas un puerco espín, o en otras partes un monstruo humano. Es el eterno combate de Cristo contra el infierno; esta interpretación se impone demasia­do por sí misma para que haga falta insistir.

He aquí por qué, sobre todo antes del siglo XIII, los artistas cristianos solían rodear la cabeza del león, igual que la de Jesucristo, con un nimbo crucífero. Didron cita dos ejemplos, también vemos nimbado de este modo el León, junto al Cordero, en la Biblia de Carlos el Calvo, del siglo XI.

EL LEÓN, EMBLEMA DE SATÁN, DE LOS VICIOS Y DE LA HEREJÍA

El león comparte con numerosos animales -que también son emblemas auténticos de  Jesucristo- el mal papel de servir igualmente de imagen alegórica del anticristo, de
Satán.

Desde los albores de la Iglesia, el león tuvo bastante a menudo esta indeseable significado a causa de las palabras de San Pedro: “Sed sobrios, hermanos míos, y velad; pues el diablo, vuestro adversario, como león que ruge, trata de devoraros”

A menudo, en escenas del arte cristiano antiguo en las que un león persigue ciervos, tímidas ciervas o inocentes gacelas, el vulgo no ve más que la persecución trivial de la presa por parte de la fiera hambrienta, cuando en realidad estas imágenes son ilustración del texto de San Pedro: “El diablo, vuestro enemigo, como león que ruge, trata de devoraros. Esos ciervos, esas ciervas, esas gacelas son las almas humanas, y la Iglesia latina reza por ellas en su liturgia para que no sean víctimas de su agresor.: libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas tartarus…, «Líbralas, Señor, de las fauces del león, y que no las engulla el tártaro infernal.».

Los Libros sagrados reconocen explícitamente la imagen del demonio en el león vencido por el joven David, el célebre relicario del abad Bégon, del tesoro de la antigua abadía de Conques-en-Rouergue, del siglo XI, conocido por «Linterna de San Vicente», representa este combate de David contra el león, y en la inscripción mutilada que rodea la imagen se lee todavía: sic noster David Satana superavit. De modo que es realmente  “nuestro” David-Salvadorel nuevo David con la apariencia del antiguo quien abate a Satán,el león maldito.

En su papel infernal, el león suele ser emblema de una de las “tres concupiscencias” a las que el ascetismo cristiano atribuye la perdición de las almas: «Concupiscencia de la carne., de donde viene la Lujuria, la Gula y la Pereza; «Concupiscencia de los ojos», de donde viene nuevamente la Lujuria, la Avaricia y la Envidia, y «Concupiscencia del Orgullo de la Vida», de donde viene el Orgullo y la Ira. En estas tres filiaciones de los pecados capitales, el león representa el Orgullo de la Vida.

A veces también es el «demonio de la Herejia». He aquí un ejemplo formal: en recuerdo del ardiente com­bate que Joscelin de Parthenay, arzobispo de Burdeos en el siglo XI, mantuvo contra el hereje Berenger, adversa­rio de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, sus sobrinos, los señores de Parthenay, en Poitou, tomaron el nombre de Parthenay-l’Archevéque y representaron en sus sellos a su tío cabalgando un león, emblema de la herejía vencida, al que cierra la boca, así lo vemos en el sello de Hugues-l’Archevéque, señor de Parthenay de 1182 a 1218 .LEON HEREJIA

Sello del caballero Hugues l’Archevéque, st. de Parthenay, siglo XIII

No obstante, en algunas obras de arte medievales en las que el león aparece pisoteando oro animal, no hay que ver en él la imagen de Satán, sino la del cristiano vencedor de los cultos idólatras. Así hay que interpretarlo, por ejemplo, en una una escultura de la catedral  húngara de Gyulafehervar que los alumnos húngaros del ar­quitecto francés Villars de Honnecourt restauraron en el siglo XIII.

EL TORO EN LA EMBLEMÁTICA CRISTICA

Apoyándose ante todo en las visiones de Ezequiel (Fig. XXI) y de San Juan, nuestros primeros simbolistas representaron el Toro y los otros tres Animales, el Hombre, el Águila y el León, como jeroglíficos de Jesucristo, por eso nuestros autores franceses de la Edad Media, herederos de su pensamiento, son categóricos como ellos sobre este punto.

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“Taurus. Christus”, escribe Rábano Mauro. y después de él San Bruno de Asti, y San Yves de Chartres hablan de igual modo. Consideraban, pues, que el toro era el emblema de la Víctima Redentora que, mediante la efusión de toda su sangre, aseguró la purificación de nuestro género y su reconciliación con la justicia celestial. Pero había otro simbolismo menos conocido que relacionaba la figura del toro emblemático con la Persona de Cristo: cuando se estudia de cerca la icono grafía antigua de Jesucristo en los trece primeros siglos, se comprueba que tuvieron en ella una influencia considerable: una nos lo muestra como fuente y foco de la luz, y la otra lo designa como fuente y foco de vida:Verbo iluminador, la Palabra que hizo brotar el primer destello sobre el caos del Mundo. El verbo cuya doctrina ilumina las almas; Él es también el Verbo creador de la vida, el Principio primero cuya fuerza. fecundante propaga y perpetúa en la tierra la vida física en el orden natural, y cuya gracia produce la vida espiritual en el orden sobrenatural; de modo que de Él, fuente inicial, parten tanto la vida sensible de los cuerpos,:como la vida suprasensible de las almas.

Esta misteriosa fecundidad de Cristo, principio y fuente de toda vida, que la emblemá­tica cristiana supo presentar tan bien, se resume en esta ecuación: Cristo, esposo; Iglesia, esposa, la íntima unión de ambos produce hijos para la vida espiritual, y para hablar como los primeros doctores, habitantes de la Jerusalén celestial, de la Ciudad de Dios.

Y esta concepción mística encontró eco en la literatura sagrada, en la liturgia, en el arte, también en la emblemática del cristianismo en las figuras del toro, el carnero y el ciervo.

Por lo que se refiere al toro, dicen los antiguos doctores que no sólo es el jefe del rebaño, sino que también es esposo y padre; hace nacer la alegría y el amor, y con ello la vida; asegura así la perpetuidad de la especie y la multiplicación del rebaño. Igualmente Cristo en la Iglesia propaga la vida y hace que crezca el número de fieles, de elegidos. Las Palabras de Jesús a sus Apóstoles: “Id, enseñad a las naciones y bautizad las,…” se parecen mucho a las que dijo Dios a.la familia de Noé. en el capítulo IX del Génesis: “Creced y multiplicaos, y llenad la tierra..”

El antiguo aspecto pagano del toro como ídolo y talismán generativo no podía resultar menos atractivo que su papel natural de semental para los primeros artesanos del simbolismo cristiano. Por eso en el Asia Menor, en Egipto, en Siria, lo mismo que en Caldea y Babilonia, donde el cristianismo entró probablemente en los primeros años de su fundación el prolífico toro, que los antiguos veneraron por divino y que los primeros obispos anatematizaron en cuanto falso dios, fue admitido, con todo, como simple imagen alegórica y con el sentido modificado, en la emblemática del Señor Jesucristo. Se vio con ello cristianizado como en Roma el dios sol, como las fuentes sagradas de las Galias, que fueron santificadas por la Iglesia consagrándolas a Cristo o a sus santos.

En verdad el cristianismo primitivo. fue lo más acogedor que pudo con los emblemas paganos anteriores, que por transformación o adaptación, podían ayudar, de acuerdo a su dogma a satisfacer su ardiente sed de reconocer en todo a Cristo y su acción vivificante.

Precisamente en virtud de esta adaptación, a finales del siglo II, escribía Tertuliano hablando del toro simbólico: “Lo pregunto, ¿es algún animal poderoso o algún monstruo fabuloso lo que presagia este emblema? Sin duda no. Este toro misterioso es juez terrible para unos, redentor lleno de mansedumbre para los otros.”

También la furia del toro que embiste con los cuernos bajos a cualquier enemigo del rebaño, aunque sea un león y tigre, impresionó. a nuestros padres que hicieron del terrible y ardoroso animal la imagen de la indignación de Cristo y de la fuerza de su cólera.

Otros, en el toro que torturaron Simeon y Leví cortándole los nervios, quisieron ver la imagen de Jesucristo llevado a la muerte por el sacerdocio judaico que dirigían Anás y Caifas, pero hay que reconocer que las relaciones que estos autores quisieron establecer en este tema muestran una notable falta de nitidez. Añadiré que la alegoría del toro irritado, según creo, se mantuvo únicamente en el ámbito de la simbología literaria.

A este Cristo, que dos siglos antes de nuestra era el Libro de Henoc predijo en forma de hombre al que simboliza un toro blanco, algunos místicos lo quisieron reconocer, por una parte, en los toros de Asiria, los querubines, designado por ellos como imagen trinitaria y en la cual el cuerpo de toro representaba la fuerza del Padre; la cabeza humana, el Verbo encarnado, y las alas, el Espíritu Santo.
Y aún con más seguridad lo podemos reconocer en esta filigrana de un papel usado en Francia entre 1409 y 1411, que nos muestra entre los cuernos de la bestia bovina la cruz y la inicial del nombre sagrado Xristos (Fig. XXII).

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Y por qué no recordar aquí ese lance de las corridas de toros que, aunque muy imperfectamente, asimila el toro con el Redentor que camina hacia la muerte; en tauromaquia  lo llaman el pase de Verónica-, porque consiste en poner la capa ante la cara del toro, como la compasiva mujer, en la leyenda —pues sólo es una leyenda tejida al margen de los  Evangelios— presentó su velo al Salvador agotado’.

EL TORO, EMBLEMA DE SATÁN

Fue sobre todo en composiciones de aire apocalíptico donde el toro prestó sus formas a Satán. Y personificó las obras del infierno: un manuscrito medieval, por ejemplo, nos  muestra a Satán en la forma de un ser con cabeza de león provisto de cuerpo y cuernos de toro, alas de murciélago y garras de águila, en Veniers, cerca de Loudun (Vienne). hay en la iglesia un capitel de finales del arte románico que tiene una variante del basilisco: un toro con cabeza de gallo; en un libro soberbio del siglo XIV, de la colección del conde de Ashburnham , el dios Bel, a cuyo colegio sacerdotal su­mió Daniel en la confusión en Babilonia , está representado con una cabeza medio de hombre medio de toro con la parte alta del busto peluda y patas de buitre.

toro demonio El dios Bel del manuscrito de Ashburnham,siglo XIV.

Esta última creación de la imaginación de Extremo Occidente coincide curiosamente con la
iconografía sagrada de Babilonia-en la época misma de Daniel; los sellos cilíndricos y otros documentos caldeos de aquella poca nos muestran en efecto al monstruo Eabani y a las demás personificaciones del mal con el aspecto de hombres cornudos con patas traseras de toro. Aunque sean ajenas a este tipo iconográfico, las represen­taciones de toros marinos o dragonados que lucen cuerpos ser­pentinos o pisciformes no dejan de ser por ello imágenes de monstruos malditos, vehículos cabalmente vivos del mal espíri­tu.toro demonio.png2

 Toro marino en un fresco de las catacumbas romanas, s. I  IV. Según DE ROSSI, Roma sotterranea.

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