Fuente: http://www.newadvent.org/fathers/35032.htm

Traducción propia

Martirologio Romano: En la ciudad de Bourges, en Aquitania (hoy Francia), san Sulpicio Severo(363-425), obispo, de familia de senadores de las Galias, de quien san Gregorio de Tours ensalza su sabiduría, su ministerio pastoral y su empeño en restaurar la disciplina .


Capítulo 14.

Pero cuando le preguntamos acerca del fin del mundo, nos dijo que Nerón y el Anticristo han de venir primero; que Nerón gobernará en la parte occidental del mundo, después de haber sometido a diez reyes; y que la persecución se llevará a cabo por él, con la visión de los hombres convencidos a adorar los ídolos de los gentiles. También dijo que el Anticristo, por otra parte, primero se apoderaría del imperio de Oriente, teniendo su sede y la capital de su reino en Jerusalén; mientras que la ciudad y el templo serían restaurados por él. Añadió que su persecución tendría por objeto obligar a los hombres a negar a Cristo como Dios, mientras sostenía que él mismo era Cristo, y ordena que todos los hombres fueran circuncidados, según la ley. Dijo además que Nerón iba a ser destruido por el Anticristo, y que el mundo entero, y todas las naciones, debían ser reducidos bajo el poder del Anticristo, hasta que aquel impío fuera derribado por la venida de Cristo. También nos dijo que no había nada, pero que el Anticristo, habiendo sido concebido por un espíritu maligno, ya habiendo nacido, y había llegado a los años de la infancia, mientras asumiría el poder tan pronto como llegara a la edad adecuada. Ahora bien, este es el octavo año desde que escuchamos estas palabras de sus labios: tú puedes conjeturar, entonces, cuán a punto de suceder las cosas que se temen en el futuro.

Como nuestro amigo el Galo hablaba enfáticamente así, y aún no había terminado lo que pretendía contar, entró un muchacho de la familia con el anuncio de que el presbítero Refrigerius estaba de pie en la puerta. Comenzamos a dudar de si sería mejor oír más al Galo, o de acoger a aquel hombre que tanto amábamos, y que había venido a presentarnos sus respetos, cuando nuestro amigo el Galo comentó: Aunque este sacerdote más santo no hubiera llegado, hubiese tenido que interrumpir esta charla nuestra, porque el acercamiento de la noche nos estaba urgiendo a terminar el discurso que ha sido hasta ahora seguido. Pero como todas las cosas que se refieren a las excelencias de Martín no han sido mencionadas todavía, lo que has oído basta para hoy: mañana procederemos a lo que queda. Esta promesa de que nuestro amigo Galo era igualmente aceptable para todos nosotros, nos levantamos.

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