Nota:El libro completo puede leerse en: https://www.marxists.org/subject/jewish/rome-jerusalem.pdf , yo traduje este extracto dice cosas muy interesantes como mencionar el nexo entre la caída de los estados pontificios con el surgimiento del estado sionista y que los nacionalismos deben ser amigos del sionismo por coherencia. Moisés Hess fue un filósofo judeo alemán, nexo entre el socialismo y sionismo. 


A partir del momento que Inocencio III desarrolló el plan diabólico de destruir la resistencia moral de los judíos, los portadores de la cultura española al mundo de la Cristiandad, obligándolos a llevar una insignia de vergüenza en sus prendas, hasta el secuestro audaz de un niño judío de la casa de sus padres, que ocurrió bajo el gobierno del cardenal Antonelli, la Roma Papal simboliza a los judíos un inagotable pozo de veneno. Es sólo con el secado de esta fuente que antisemitismo cristiano alemán morirá a falta del alimento.

Con la desaparición de la hostilidad del cristianismo a la cultura, allí también cesa su animadversión al judaísmo; con la liberación de la ciudad eterna, a orillas del Tíber, se inicia la liberación de la Ciudad Eterna en las laderas de Moria; el renacimiento de Italia anuncia el ascenso de Judah. Los huérfanos hijos de Jerusalén también participarán en la gran regeneración de las naciones, en su despertar del letargo de la Edad Media, con sus terribles pesadillas.

La primavera en la vida de las naciones comenzó con la Revolución Francesa. El año de 1789 marca el equinoccio de primavera en la vida de los pueblos históricos. La resurrección de naciones se convierte en un fenómeno de la naturaleza en un momento en que Grecia y Roma se regeneran. Polonia respira el aire de la libertad de nuevo y Hungría se está preparando para la lucha final de liberación. Al mismo tiempo, hay un movimiento de malestar entre las otras naciones sometidas,que en última instancia culminará con el ascenso de todos los pueblos oprimidos, y tanto por la barbarie asiática y la civilización europea contra sus amos, y, en nombre de un derecho superior, ellos retarán el derecho de las naciones dominantes para gobernar.

Entre las naciones que se consideraban muertas y que, cuando se vuelven conscientes de su misión histórica, tendrá que luchar por sus derechos nacionales, es también Israel -la nación que desde hace dos mil años ha desafiado las tormentas del tiempo, ya pesar de haber sido sacudido por las corrientes de la historia de todas las partes del mundo, siempre ha echado miradas anhelantes hacia Jerusalén y sigue dirigiendo su mirada hacia allá. Fortalecido por su instinto racial y por su misión cultural e histórica de unir a toda la humanidad en el nombre del Eterno Creador, este pueblo ha conservado su nacionalidad, en la forma de su religión y unido inseparablemente tanto con los recuerdos de su tierra ancestral.

No hay gente moderna, luchando por su propia patria, que pueda negar el derecho del pueblo judío a su antigua tierra, sin que al mismo tiempo socave la justicia de sus propios esfuerzos.

Pero mientras que el desconocido sin prejuicios considera el problema del nacionalismo judío muy oportuno, parece a los cultos judíos alemanes irrazonable. Porque es en Alemania, que la diferencia entre las razas judías y alemanes se enfatiza y se utiliza tanto por el reaccionario, así como por el liberal antisemita como una excusa por su judeofobia. Es allí donde la existencia de la nacionalidad judía aún se emplea como argumento en contra de la concesión de derechos prácticos y civiles a los judíos. Y esto en Alemania, donde los judíos, desde el momento de Mendelssohn, a pesar de su participación en todos los movimientos culturales y morales y su notable contribución a estos campos, y a pesar de su negación continua de la cultura nacional judía y sus esfuerzos denodados en germanizar se a sí mismos, se han esforzado en vano de obtener igualdad de derechos. Pero lo que el hermano no obtuvo del hermano, lo que no fue concedida por el hombre para el hombre, se le dará por un pueblo a pueblo, de una nación a una nación. Ninguna nación puede ser indiferente al hecho de que en la próxima lucha europea por la libertad que pueda tener a otro pueblo como su amigo o enemigo.

Las voces que se escuchan desde varias partes del mundo, exigiendo la regeneración nacional de Israel, encuentra justificación, en primer lugar, en el culto judío, en el carácter nacional del judaísmo, y, aún más, en el proceso general de desarrollo de la la humanidad y sus resultados obvios, y por último, en la situación actual de la vida humana.


Anuncios